El mar sube más rápido de lo previsto y ya amenaza el acceso al agua potable
El aumento inesperado del nivel del mar en 2024 pone en riesgo los acuíferos costeros y el acceso al agua potable en regiones vulnerables
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
5 min lectura
El nivel del mar global subió más rápido de lo previsto en 2024, según un informe actualizado de la NASA. El incremento, impulsado principalmente por la expansión térmica del océano, alcanzó una tasa anual de 0,59 centímetros, superando en más de un 35% las proyecciones previas. Este fenómeno no sólo evidencia la aceleración del cambio climático, sino que también plantea riesgos concretos e inmediatos: uno de los más apremiantes es la amenaza al suministro de agua potable en zonas costeras.
Los expertos atribuyen esta subida atípica a un año extraordinariamente cálido. Mientras que en períodos anteriores el aumento del nivel del mar se debía mayormente al derretimiento de hielos, en 2024 más del 60% del incremento se debió a la expansión térmica: cuando el agua se calienta, su volumen aumenta. Esta dinámica se intensificó debido al fenómeno de El Niño y a la persistente acumulación de calor en el sistema climático global.
“Estamos viendo señales claras de que los océanos no sólo se están calentando más, sino también más rápido”, explicó Josh Willis, investigador principal del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA. “La subida del mar ya no es una amenaza lejana: está ocurriendo ahora, y sus efectos comienzan a sentirse en infraestructuras, acuíferos y ecosistemas costeros”.
La principal consecuencia de este avance oceánico es la intrusión salina, un fenómeno en el que el agua del mar penetra tierra adentro, contaminando fuentes subterráneas de agua dulce. Según un estudio de la Universidad de Maryland, esta intrusión ya compromete el acceso al agua potable en comunidades costeras de Estados Unidos, el sudeste asiático y el norte de África. Pozos agrícolas, plantas potabilizadoras y reservas naturales de agua están siendo infiltradas por sal, afectando tanto a personas como a cultivos.
El impacto también se extiende a la agricultura y la energía. El aumento de la salinidad en el suelo dificulta la producción de alimentos y acelera la desertificación. Además, muchas centrales eléctricas que dependen de agua dulce para su enfriamiento comienzan a enfrentar problemas operativos. La crisis climática se entrelaza así con las crisis alimentaria e hídrica, exacerbando vulnerabilidades ya existentes.
Desde 1993, cuando comenzó el monitoreo satelital con la misión TOPEX/Poseidon, el nivel del mar ha subido unos 10 centímetros, y la tasa de incremento se ha más que duplicado. Los satélites Sentinel-6 Michael Freilich y, próximamente, Sentinel-6B, continúan midiendo este ascenso con precisión milimétrica en más del 90% de los océanos. Estas mediciones han sido clave para confirmar la anomalía de 2024 y proyectar escenarios futuros.
“El océano es como un termómetro planetario: su comportamiento refleja el desequilibrio energético de la Tierra”, afirmó Nadya Vinogradova Shiffer, directora del programa de oceanografía física de la NASA. “Cuando vemos subidas de este tipo, debemos prepararnos para consecuencias sistémicas, no sólo en las costas, sino en todo el sistema socioecológico”.
En paralelo, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) alertó que la década 2011–2020 fue la más cálida jamás registrada, y que 2024 marcó un nuevo récord de temperatura global. Este contexto refuerza las proyecciones más pesimistas del IPCC, que advierten que, sin una reducción drástica de emisiones, el nivel del mar podría subir entre 30 y 80 centímetros antes de 2100, desplazando a decenas de millones de personas y comprometiendo infraestructuras críticas.
Frente a estos riesgos, muchas ciudades costeras están invirtiendo en infraestructuras de contención, como diques y barreras móviles. Sin embargo, los expertos señalan que estas soluciones solo ganan tiempo y que se necesita un enfoque más estructural, basado en adaptación hídrica, restauración de ecosistemas costeros y, sobre todo, reducción de emisiones globales.
Mientras tanto, organizaciones ambientales y académicas insisten en que la protección del agua dulce debe volverse una prioridad política. El aumento del nivel del mar ya no es solo una amenaza para islas remotas o glaciares polares, sino un factor directo de presión sobre los acuíferos de los que dependen millones de personas en todo el mundo. El mar avanza, y con él, una nueva fase de la crisis climática: la de la escasez hídrica global.
Referencia: NASA Analysis Shows Unexpected Amount of Sea Level Rise in 2024. NASA Jet Propulsion Laboratory, abril de 2025.
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