Un nuevo estudio internacional demuestra que, aunque vivamos en sociedades diversas, las elecciones cotidianas que realizamos en barrios y organizaciones cívicas reflejan una tendencia clara hacia la homogeneidad social. Los resultados evidencian que la mayoría de los individuos buscan rodearse de personas que comparten características similares en edad, etnia y nivel educativo.
La investigación, publicada en PNAS Nexus, analizó más de 8.000 decisiones simuladas en tres experimentos diferentes realizados en Países Bajos. En ellos, los participantes debían elegir entre perfiles de vecindarios y organizaciones cívicas con composiciones variadas. Los resultados fueron consistentes: la afinidad hacia el endogrupo fue generalizada en todos los entornos y dimensiones estudiadas.
Según los investigadores, este patrón de preferencias intragrupales no se explica únicamente por prejuicios conscientes, sino también por dinámicas de comodidad social y búsqueda de entornos familiares. Las personas suelen sentir mayor confianza y seguridad cuando interactúan con quienes comparten experiencias culturales, educativas o generacionales.
Uno de los hallazgos más significativos fue la relación entre exposición real y fuerza de las preferencias. Los individuos que viven en comunidades poco diversas muestran inclinaciones más fuertes hacia su propio grupo, lo que sugiere la existencia de un círculo vicioso: cuanto menos contacto se tiene con la diversidad, mayor es la tendencia a evitarla.
El estudio también reveló que la segregación educativa es especialmente marcada entre las personas con formación universitaria, mientras que aquellos sin estudios superiores se mostraron más neutrales. En el ámbito de la etnia, quienes no tienen antecedentes migratorios mostraron mayor rechazo a contextos con alta proporción de minorías, mientras que los encuestados de origen turco o marroquí evidenciaron mayor afinidad por organizaciones donde predominaba su grupo.
Los autores subrayan que estas dinámicas, aunque naturales en parte, representan un desafío para la cohesión social. La tendencia a elegir entornos homogéneos limita el contacto intergrupal, refuerza estereotipos y dificulta la construcción de comunidades inclusivas. Para revertir este efecto, los investigadores sugieren políticas que fomenten la interacción entre grupos en espacios cotidianos como escuelas, clubes deportivos o asociaciones culturales.
En definitiva, el trabajo confirma lo que en psicología social se conoce como homofilia: la inclinación a relacionarnos con personas parecidas a nosotros. Lejos de ser una cuestión anecdótica, este fenómeno tiene implicaciones profundas en la forma en que se estructura la vida en nuestras ciudades, en la persistencia de la segregación y en las posibilidades reales de convivencia intercultural.