Un equipo de la Universidad de Gotemburgo encontró que el deshielo del permafrost fue clave en el aumento del dióxido de carbono que siguió al final de la última edad de hielo. Según el estudio, este fenómeno natural habría explicado cerca de la mitad del incremento de CO₂ en la atmósfera.
Los registros paleoclimáticos muestran que hace unos 21.000 años, cuando la glaciación alcanzaba su punto máximo, la concentración de CO₂ era de apenas 180 partes por millón. Para el inicio del Holoceno, hace 11.000 años, esa cifra había ascendido a 270 ppm. Hasta ahora se pensaba que la liberación de carbono provenía sobre todo de los océanos, incapaces de retenerlo a medida que se calentaban.
Sin embargo, la nueva investigación indica que el deshielo del permafrost en amplias zonas del hemisferio norte aportó una proporción significativa. Amelie Lindgren, investigadora en ciencias de los ecosistemas y autora principal del trabajo, señaló que el deshielo liberó carbono orgánico acumulado durante miles de años en suelos congelados.
Durante la Edad de Hielo, grandes extensiones de tierra al norte del Trópico de Cáncer almacenaron hierbas y restos vegetales congelados bajo capas de polvo mineral conocidas como loess. Estas formaciones, de varios metros de espesor, quedaron atrapadas en suelos de permafrost, lo que redujo drásticamente su descomposición.
Cuando el clima comenzó a calentarse entre 17.000 y 11.000 años atrás, ese material atrapado empezó a descongelarse. El resultado fue una liberación de carbono en forma de dióxido de carbono que pasó directamente a la atmósfera y alimentó el aumento natural de gases de efecto invernadero de aquel período.
El estudio combinó análisis de polen fósil de los últimos 21.000 años con modelos climáticos. Con esta información fue posible reconstruir qué tipo de vegetación predominaba en cada época y calcular cuánto carbono pudo almacenarse en los suelos. Esa metodología permitió estimar con precisión el papel del permafrost en el ciclo de carbono glacial.
Los investigadores destacan que aunque los océanos también liberaron carbono, la magnitud del aporte del permafrost había sido subestimada. Sus cálculos indican que este proceso natural pudo explicar casi la mitad del aumento de CO₂ observado entre la última glaciación y el inicio del Holoceno.
A diferencia de entonces, el contexto actual es mucho más preocupante. Desde la Revolución Industrial, los niveles de dióxido de carbono pasaron de 280 a más de 420 partes por millón. A la presión de las emisiones humanas se suma el deshielo actual del permafrost, que vuelve a liberar carbono atrapado durante milenios.
Lindgren advirtió que, a diferencia de hace 11.000 años, hoy no contamos con nuevas extensiones de tierra para almacenar carbono, ya que el aumento del nivel del mar reducirá áreas disponibles. Tampoco las turberas podrán absorber el exceso con la misma eficacia que en el pasado.
El trabajo plantea que comprender estos mecanismos históricos es clave para anticipar el futuro. El deshielo del permafrost no es solo un recuerdo geológico, sino un riesgo tangible que podría agravar los efectos del cambio climático en las próximas décadas.
El artículo fue publicado en la revista Science Advances y aporta una nueva perspectiva sobre cómo los procesos naturales interactúan con las emisiones humanas en el ciclo del carbono.