El fin del acuerdo de tránsito de gas entre Ucrania y Rusia afecta el suministro energético en Europa
El fin del acuerdo de tránsito de gas entre Ucrania y Rusia marca un punto de inflexión en la seguridad energética de Europa. Con la interrupción del suministro a través de los gasoductos tradicionales, varios países se ven obligados a buscar fuentes alternativas, mientras la dependencia del gas ruso sigue disminuyendo.
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
2 min lectura
Desde el 1 de enero de 2025, Ucrania dejó de permitir el tránsito de gas ruso a través de su territorio, poniendo fin a un acuerdo que había garantizado el suministro energético de gran parte de Europa del Este. Esto supone una pérdida de ingresos para Ucrania y Gazprom, además de un desafío logístico para varios países europeos.
Eslovaquia y Austria, que dependían en gran medida del gas ruso, han comenzado a negociar acuerdos con nuevos proveedores, aunque a un costo mayor. Hungría y Serbia, por su parte, continúan recibiendo gas a través del gasoducto TurkStream, lo que los mantiene fuera de la crisis inmediata.
Moldavia enfrenta una crisis energética, especialmente en la región separatista de Transnistria, donde más de 450,000 personas han quedado sin calefacción en pleno invierno. La infraestructura gasífera del país sigue en gran parte bajo control ruso, lo que complica la búsqueda de soluciones inmediatas.
Para mitigar el impacto, la Unión Europea ha acelerado la diversificación de su suministro energético. Las importaciones de gas natural licuado (GNL) desde EE.UU. y Qatar han aumentado significativamente desde 2022, y los niveles de almacenamiento han alcanzado el 72%, superando la media histórica.
Noruega, con sus yacimientos de gas del Mar del Norte, ha incrementado su producción para cubrir parte del déficit, mientras que algunos países, como Eslovaquia, han comenzado a invertir en nuevas infraestructuras de almacenamiento y transporte de gas.
A largo plazo, la Comisión Europea apuesta por reducir la dependencia del gas a través de inversiones en energías renovables y almacenamiento estratégico. Sin embargo, la transición energética tomará tiempo, y la crisis actual podría traducirse en precios más elevados para consumidores e industrias en el corto plazo.
El fin del acuerdo entre Ucrania y Rusia no solo redefine el mercado energético europeo, sino que también subraya la necesidad de mayor independencia y resiliencia en el suministro de energía. La pregunta sigue abierta: ¿será capaz Europa de garantizar su seguridad energética sin depender de Rusia?
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