En el vasto y enigmático escenario del cosmos, la Tierra recibe, con la precisión de un metrónomo, una señal de radio de origen desconocido que ha capturado la atención de la comunidad científica internacional. Se trata de la Ráfaga Rápida de Radio (FRB) conocida como FRB 180916.J0158+65, detectada en 2018 por el radiotelescopio CHIME, en Canadá. Esta señal, lejos de ser un evento fortuito, se distingue por su comportamiento periódicamente recurrente: cada 16,35 días exactos, la fuente se activa y emite pulsos de radio durante un periodo de cuatro a cinco días, para luego sumirse en un silencio absoluto los siguientes once o doce días.
La fuente de FRB 180916 ha sido localizada en las afueras de una galaxia espiral situada a unos 500 millones de años luz de la Tierra, en una región de intensa formación estelar. Esta distancia, aunque gigantesca, es relativamente cercana en la escala cósmica, permitiendo a los astrónomos estudiar el fenómeno con un nivel de detalle inédito. El simple hecho de que las ráfagas nos lleguen desde tan lejos implica que el proceso que las genera es extraordinariamente energético.
¿Por qué es tan especial esta ráfaga rápida de radio?
El fenómeno resulta tan extraordinario porque desafía la concepción previa sobre las FRBs, que hasta entonces se consideraban explosiones únicas, asociadas a cataclismos cósmicos irrepetibles. En cambio, FRB 180916 es predecible como un reloj suizo, convirtiéndose en el primer caso confirmado de periodicidad estable en una ráfaga rápida de radio. Cada ventana de actividad se caracteriza por la emisión de varias ráfagas a ritmos de hasta una o dos por hora, antes de reiniciar el ciclo tras un intervalo de silencio. Este comportamiento ha abierto un nuevo campo de investigación para entender los motores más extremos y duraderos del universo.
Para comprender la importancia de este hallazgo, es necesario contextualizar qué son las FRBs. Se trata de destellos intensos de ondas de radio que duran apenas milésimas de segundo, pero que en ese lapso liberan tanta energía como nuestro Sol en días o incluso años. Desde la detección de la primera FRB en 2007, el número de estos eventos se ha multiplicado, pero la mayoría han sido aislados y nunca se han repetido, lo que dificultaba su estudio y alimentaba todo tipo de teorías, incluso la posibilidad de mensajes de civilizaciones avanzadas.
La periodicidad de FRB 180916, sin embargo, descarta las hipótesis cataclísmicas para este caso y apunta a un mecanismo que puede sobrevivir a sucesivas erupciones energéticas. Esto ha llevado a los científicos a proponer varias explicaciones, todas ellas conectadas con la física más extrema del universo.
Las teorías sobre su origen: magnetar, sistema binario y más
Una de las teorías principales sostiene que la fuente emisora es un magnetar, un tipo especial de estrella de neutrones con un campo magnético increíblemente intenso, que orbita en un sistema binario junto a una estrella masiva. La órbita de ambos, de 16,35 días, explicaría la ventana regular de actividad: solo durante parte de la órbita el magnetar sería visible para la Tierra, mientras que el resto del ciclo la señal se bloquearía por el viento o la masa de su compañera.
Otra hipótesis plantea que la periodicidad no está ligada a la órbita sino a la propia dinámica del magnetar. Si su eje de rotación está experimentando precesión —un bamboleo similar al de un trompo girando— el haz de radio podría barrer el cielo de manera que solo apunta hacia la Tierra durante una parte específica de cada ciclo, generando la periodicidad observada. Este modelo tiene la ventaja de requerir solo un objeto, pero exige condiciones físicas igualmente extremas.
El magnetar se ha consolidado como el principal sospechoso detrás de las FRBs repetitivas y únicas. Estos restos estelares, fruto de supernovas de estrellas masivas, concentran más masa que el Sol en una esfera de apenas una decena de kilómetros y albergan los campos magnéticos más poderosos del cosmos. Eventos como terremotos estelares en su corteza o la interacción de su campo con discos de escombros podrían liberar la energía suficiente para producir las ráfagas observadas.
La regularidad de FRB 180916 ha sido fundamental para que los astrónomos coordinen observaciones internacionales y apunten sus telescopios justo en el momento esperado de las ráfagas, permitiendo el estudio multi-longitud de onda del fenómeno. Hasta ahora, no se han detectado señales en otras bandas del espectro electromagnético durante las ventanas de actividad, pero los datos siguen acumulándose y la expectación es máxima ante cualquier pista adicional.
Este hallazgo ha revolucionado la astrofísica de las FRBs, transformando su estudio de la simple caza de anomalías a la exploración de mecanismos físicos de precisión. Si bien no se ha llegado a un consenso definitivo sobre la causa exacta, la periodicidad de FRB 180916 ha proporcionado un laboratorio natural para investigar la naturaleza de los objetos más exóticos del universo.
Lo que está claro es que, mientras desciframos el origen de estos mensajes cósmicos, cada pulso periódico que atraviesa el abismo del espacio nos recuerda que aún quedan grandes misterios por resolver en el universo.
Fuentes: Nature - Periodic activity from a fast radio burst source