Durante la pandemia de COVID-19, miles de personas recurrieron a la compañía de mascotas con la esperanza de aliviar el aislamiento y el estrés. El mensaje de que un perro o un gato podía ser la clave de la felicidad se volvió parte del imaginario colectivo en un contexto global de incertidumbre.
Investigadores de la Universidad Eötvös Loránd analizaron los datos de casi tres mil voluntarios que adquirieron o perdieron mascotas durante los confinamientos. El seguimiento se realizó a lo largo de varios meses, proporcionando un panorama completo sobre cómo cambiaba el bienestar emocional de los participantes a lo largo del tiempo.
Contrario a lo que muchos esperaban, el estudio reveló que la llegada de una mascota solo provocó un aumento breve y pasajero de alegría. Al cabo de unas semanas, los niveles de satisfacción vital, tranquilidad y actividad regresaban a los valores previos, sin mejoras persistentes.
De igual modo, la pérdida de una mascota no ocasionó un descenso emocional duradero. Para la mayoría de los participantes, el impacto fue leve o inexistente, lo que pone en cuestión la imagen idealizada del vínculo entre humanos y animales de compañía en tiempos de crisis.
Un dato especialmente revelador fue la ausencia de cambios en la sensación de soledad. Ni la adquisición ni la pérdida de una mascota alteraron significativamente los niveles de compañía percibida por los voluntarios. Esto sugiere que el simple hecho de tener un animal en casa no sustituye la necesidad de interacción humana real.
Los autores del estudio subrayan que los efectos positivos pueden darse solo en situaciones particulares, como personas mayores viviendo solas o amantes devotos de los animales. Sin embargo, para la mayoría, el “efecto mascota” parece más mito que realidad.
Este hallazgo invita a reflexionar antes de adoptar por impulso y a entender que la felicidad y el bienestar emocional dependen de factores más profundos que la presencia de una mascota. La ciencia recuerda que el vínculo con los animales es valioso, pero no una solución universal a los desafíos emocionales de la vida moderna.
Fuente: Scientific Reports.