China ha iniciado la construcción de la que promete ser la mayor presa hidroeléctrica del mundo, ubicada en el curso superior del río Yarlung Zangbo, conocido como Brahmaputra al entrar en India y Bangladesh. Aunque el gobierno de Pekín destaca los beneficios energéticos y económicos, el proyecto ha encendido alertas en los países vecinos por posibles impactos en el caudal y la seguridad hídrica de millones de personas.
La presa, cuyo coste estimado supera los 170 mil millones de dólares, superará incluso a la emblemática Presa de las Tres Gargantas y contempla cinco represas sobre un tramo de 50 kilómetros. Para India y Bangladesh, que dependen del Brahmaputra para el riego, el suministro de agua potable y la generación eléctrica, la opacidad del proyecto y la falta de información detallada agravan las preocupaciones históricas sobre el control de recursos hídricos compartidos.
El ministro principal de Arunachal Pradesh, estado indio fronterizo con China, advirtió que la obra podría reducir en hasta un 80% el flujo del río en territorio indio y provocar inundaciones río abajo, afectando la agricultura y la vida de millones de personas en Assam y Bangladesh. Expertos en recursos hídricos añaden que la retención de sedimentos y nutrientes por las represas chinas impactaría la fertilidad de las tierras aluviales aguas abajo.
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Autoridades chinas han insistido en que el proyecto tendrá un flujo “de corriente continua”, minimizando los riesgos para los países río abajo. Sin embargo, India y Bangladesh insisten en la necesidad de mayor transparencia y mecanismos multilaterales de consulta, recordando antecedentes de tensión diplomática por la gestión de cuencas compartidas en Asia.
Además, la construcción se realiza en una zona sísmica de alta montaña, lo que añade interrogantes sobre la seguridad a largo plazo de la infraestructura y los riesgos de deslizamientos de tierra e inundaciones por lagos glaciares, fenómenos que ya han afectado a la región.
La respuesta india incluye el desarrollo de sus propias infraestructuras hidroeléctricas en el Brahmaputra, en parte como estrategia para afirmar derechos sobre el agua ante cualquier intento futuro de desvío unilateral del caudal por parte de China.
Analistas señalan que, aunque la mayor parte del caudal del Brahmaputra proviene de lluvias monzónicas al sur del Himalaya, la gestión de sus cabeceras sigue siendo un factor clave de estabilidad regional y cooperación transfronteriza. La falta de comunicación oficial entre las partes ha incrementado la inquietud y la especulación política y social.
El megaproyecto hidroeléctrico, aún en fases iniciales, ha reavivado el debate sobre el acceso y la soberanía del agua en el sur de Asia, un tema crítico para la seguridad y el desarrollo en una de las regiones más pobladas del planeta.