Un nuevo estudio liderado por la Universidad de East Anglia ha demostrado que la duración del hielo marino durante los meses invernales en la Antártida es clave para explicar la variabilidad en la absorción de dióxido de carbono por el Océano Austral, un proceso fundamental para la regulación climática del planeta.
El equipo internacional, en colaboración con el British Antarctic Survey y centros de investigación de Alemania, Noruega, Italia y Suecia, recopiló una década de datos en la bahía Ryder, al oeste de la Península Antártica. Los resultados muestran que en los años donde el hielo marino permanece más tiempo en invierno, el océano puede absorber hasta un 20% más de CO₂ de la atmósfera en comparación con los años donde el hielo se forma tarde o se derrite prematuramente.
Esta diferencia se debe a que el hielo marino actúa como una barrera natural, protegiendo el océano de los vientos intensos que favorecen la mezcla entre aguas superficiales y profundas, estas últimas ricas en carbono almacenado durante siglos. Cuando la capa de hielo es persistente, se reduce la mezcla vertical y, por tanto, el escape de CO₂ hacia la atmósfera se atenúa, permitiendo que el océano retenga más carbono.
La investigación pone de relieve que lo que ocurre en los meses invernales es determinante para el balance anual de carbono absorbido por el océano antártico, aunque tradicionalmente las campañas científicas suelen enfocarse en las temporadas más accesibles del año. La falta de observaciones en invierno había dejado hasta ahora un vacío importante en la comprensión de este fenómeno.
Los investigadores advierten que la tendencia a la reducción del hielo marino observada desde 2016 podría comprometer la capacidad del Océano Austral como sumidero de carbono, lo que tendría consecuencias globales en la velocidad e intensidad del cambio climático.
Durante el verano, el deshielo y la floración del fitoplancton ayudan a reducir la concentración de CO₂ en la superficie, aumentando la absorción atmosférica. Pero en invierno, cuando el océano se mezcla con aguas profundas cargadas de carbono, el papel del hielo marino es esencial para evitar que este CO₂ vuelva a la atmósfera.
Los datos del estudio, publicados en Communications Earth & Environment, subrayan la necesidad de ampliar la observación invernal en el Océano Austral, utilizando tanto equipos humanos como tecnología autónoma, para entender mejor los mecanismos que regulan el ciclo global del carbono y así mejorar las proyecciones sobre el futuro del clima.
Comprender cómo el hielo marino antártico regula la absorción y liberación de carbono no solo es clave para los modelos climáticos, sino que también permite anticipar el impacto de los cambios ambientales en las próximas décadas, en una región crítica para el equilibrio del planeta.