La revolución de los coches eléctricos avanza rápido, pero plantea nuevos retos de seguridad vial. Un reciente estudio de la Universidad Tecnológica de Chalmers (Suecia) revela que las señales acústicas que emiten estos vehículos, obligatorias en muchos países para alertar a peatones y ciclistas, son mucho más difíciles de localizar que el tradicional ruido de los motores de combustión interna.
La investigación, liderada por el doctorando Leon Müller y el profesor Wolfgang Kropp, advierte sobre un riesgo poco percibido en la convivencia urbana: a baja velocidad y en espacios donde varios vehículos eléctricos circulan a la vez, como estacionamientos o zonas peatonales, los usuarios vulnerables podrían no distinguir cuántos coches se aproximan ni desde dónde vienen.
El equipo de Chalmers llevó a cabo pruebas con 52 voluntarios en un laboratorio acústico especializado. Simularon la presencia de hasta tres coches eléctricos utilizando diferentes tipos de señales AVAS (Acoustic Vehicle Alerting System). Los resultados mostraron que, a diferencia del característico bramido de un motor tradicional, los sonidos sintéticos diseñados para los coches eléctricos —especialmente aquellos basados en dos tonos o multitonos— confunden más al oído humano, generando errores frecuentes en la identificación de la dirección y el número de vehículos presentes.
Una de las conclusiones más llamativas fue que los participantes localizaban con facilidad el sonido de un motor convencional, pero fallaban hasta en un 60% de los casos cuando se les presentaban varios coches eléctricos emitiendo señales iguales. La complejidad crecía aún más con los AVAS de dos tonos, donde la mayoría no era capaz de saber cuántos coches distintos estaban en marcha ni por dónde se acercaban.
Actualmente, las normativas europeas, estadounidenses y asiáticas exigen que los coches eléctricos incluyan alertas sonoras a baja velocidad. Sin embargo, estas regulaciones se centran en la “detectabilidad”, es decir, en que el peatón pueda percibir la presencia de un vehículo, pero no necesariamente en su capacidad para identificar de dónde proviene el peligro o si hay más de un coche en movimiento. El doctorando Leon Müller explica que “en situaciones reales, como la salida de un supermercado, puede haber varios eléctricos desplazándose a la vez con sonidos casi idénticos, lo que crea un desafío para la seguridad de personas ciegas o distraídas”.
Los investigadores sugieren que sería conveniente rediseñar los sonidos AVAS para hacerlos más diversos y localizables, e introducir cierto grado de aleatoriedad para que dos vehículos nunca emitan exactamente la misma señal. También destacan la importancia de realizar más estudios en entornos reales, ya que el experimento se llevó a cabo en un laboratorio aislado, sin el ruido ambiental típico de las ciudades.
A pesar de que los coches eléctricos aportan ventajas evidentes en reducción de ruido y emisiones contaminantes, la transición exige prestar atención a los detalles invisibles de la seguridad cotidiana. En palabras del profesor Wolfgang Kropp, “necesitamos soluciones que garanticen calles más silenciosas, pero también más accesibles y seguras para todos los usuarios de la vía”.
El debate sobre la localización auditiva de los vehículos eléctricos apenas comienza. A medida que crece su presencia en el tráfico urbano, será clave que las señales acústicas evolucionen en paralelo, para no comprometer la protección de los peatones y ciclistas, especialmente de aquellos con discapacidad visual.
Fuente: J. Acoust. Soc. Am., 2025