Un equipo de geólogos liderado por Paul Wilcox ha encontrado en la Isla Príncipe de Gales, en el sureste de Alaska, los primeros sedimentos cavernícolas de origen terrestre que documentan eventos de deshielo ocurridos hace unos 20.000 años. El hallazgo, publicado en la revista Nature Geoscience, representa una rareza paleoclimática con implicaciones globales.
Las cuevas, situadas en una selva lluviosa templada, actuaron como cápsulas del tiempo naturales, conservando sedimentos que evidencian pulsos de agua de deshielo de la capa de hielo cordillerana al final de la última glaciación. El estudio se realizó con técnicas avanzadas como la datación por luminiscencia ópticamente estimulada (OSL), que permitió estimar la antigüedad de los granos de cuarzo entre 20.000 y 17.000 años.
Cuevas, cuarzo y clima: claves desde el pasado
A diferencia de otras regiones donde los restos glaciales terminan en el océano, estos sedimentos quedaron preservados bajo tierra, ofreciendo un registro único. La datación fue posible gracias a la presencia inusual de cuarzo en un entorno calcáreo, lo cual permitió aplicar el método OSL con precisión.
“Nunca se había aplicado esta técnica con éxito a sedimentos de cuevas”, explica Michael Meyer, jefe del laboratorio de datación OSL en la Universidad de Innsbruck. Los análisis también revelaron granos de polen que sugieren la existencia de refugios libres de hielo donde algunas especies vegetales habrían sobrevivido en condiciones extremas.
Estas cuevas no solo conservan rastros de sedimento, sino también información sobre los cambios en los patrones de meteorización: en lugar de procesos químicos comunes, las rocas mostraban signos de meteorización mecánica, lo que confirma la intensidad de los procesos glaciales.
Eventos Siku: deshielo desde el Pacífico antes del Atlántico
El hallazgo respalda la existencia de los llamados eventos Siku, pulsos de agua dulce que precedieron a los eventos Heinrich en el Atlántico Norte. Según Wilcox, esto implica que el deshielo en el noreste del Pacífico pudo haber desencadenado alteraciones globales en el sistema climático antes que sus contrapartes atlánticas.
Este fenómeno revela un patrón de causa-efecto invertido respecto a lo que tradicionalmente se pensaba sobre la dinámica glacial del hemisferio norte. Además, indica que el Pacífico Nororiental fue un actor climático clave en los ciclos glaciares del Pleistoceno.
La presencia de cuarzo transportado hasta cuevas alejadas de fuentes directas sugiere procesos de transporte glacial a larga distancia, conectando directamente el deshielo cordillerano con flujos terrestres concretos y no solo marinos.
Implicaciones para el presente y el futuro climático
Los autores destacan que reconstruir con precisión estos episodios de deshielo permite mejorar las proyecciones sobre el impacto futuro del calentamiento global, especialmente en relación con la Circulación Meridional Atlántica (AMOC), hoy considerada uno de los posibles puntos de inflexión del sistema climático.
Si el deshielo masivo de hace 20.000 años alteró el clima global, un fenómeno similar podría desencadenarse en las próximas décadas, impulsado por el aumento de agua dulce en el Atlántico Norte producto del actual cambio climático antropogénico.
“Comprender cómo estos eventos se desarrollaron en el pasado es vital para anticipar sus efectos en un futuro cercano”, señala Wilcox. Su equipo planea explorar otras cuevas con sedimentos similares para afinar los modelos sobre la dinámica de capas de hielo en escenarios de calentamiento.
Referencias: Nature Geoscience