Un coche que nunca se recarga: el sueño nuclear con 100 años de autonomía
El coche nuclear con torio promete una autonomía de 100 años, pero sigue sin fabricarse por sus enormes desafíos tecnológicos y de seguridad
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
4 min lectura
La idea de un coche que nunca necesite recargarse durante toda una vida suena a ciencia ficción, pero durante años ha rondado la mente de ingenieros, futuristas y fabricantes. Alimentado por un pequeño reactor nuclear a base de torio, este vehículo teóricamente podría rodar más de un millón de kilómetros, o 100 años, sin necesidad de repostar. Aunque suena revolucionario, la realidad tecnológica y de seguridad lo mantiene lejos de nuestras carreteras.
El concepto fue popularizado en 2011 por la empresa estadounidense Laser Power Systems. Su propuesta era tan ambiciosa como provocadora: desarrollar un coche eléctrico impulsado por láseres de torio, un elemento radiactivo más abundante que el uranio, con una densidad energética tan alta que solo se necesitaría un gramo para igualar 28.000 litros de gasolina. El diseño elegido fue el futurista Cadillac WTF, presentado simbólicamente para el centenario de la marca.
El sistema consistía en mini-reactores compactos que generaban calor mediante el torio. Este calor produciría vapor a partir de un pequeño depósito de agua mediante pulsos láser. A su vez, el vapor activaría unas microturbinas que alimentarían baterías recargables, encargadas de dar energía a los motores eléctricos del coche. Todo esto encapsulado en una carcasa de plomo o hierro con paredes de más de 7 cm de grosor para aislar la radiación.
La potencia proyectada era de 250 kW con un peso inferior a 230 kg, cifras que convertirían al sistema en uno de los generadores de energía móvil más potentes y compactos jamás ideados. Además, según sus diseñadores, el excedente eléctrico del reactor podría ser usado para alimentar una vivienda o recargar dispositivos externos, haciendo del vehículo una unidad autosuficiente de energía móvil.
A pesar del entusiasmo inicial, el proyecto nunca se materializó. El principal escollo es la propia naturaleza del torio y la complejidad de miniaturizar un reactor nuclear seguro. Aunque el torio es menos radiactivo que el uranio y más abundante, su uso sigue implicando riesgos de exposición y requiere sistemas de contención extremadamente robustos. Esto plantea enormes desafíos de diseño, regulación y aceptación pública.
Otro factor determinante es que, si bien el torio tiene ventajas teóricas —como generar menos residuos peligrosos y no producir plutonio utilizable para armas—, su infraestructura tecnológica aún está en fase experimental. Países como China han avanzado en reactores experimentales de torio, pero su aplicación a pequeña escala, especialmente en automoción, aún está muy lejos de ser viable.
La historia del coche nuclear no es nueva. En las décadas de 1950 y 1960, fabricantes como Ford soñaron con un vehículo atómico, como el Ford Nucleon. Sin embargo, las mismas barreras técnicas y de seguridad impidieron su desarrollo real. El avance de la energía eléctrica convencional, junto a baterías más eficientes, ha desplazado estos conceptos hacia un terreno más práctico y comercial.
En conclusión, aunque el coche con reactor de torio podría recorrer siglos de kilómetros sin repostar, su realidad sigue atada al ámbito de la especulación y los experimentos. Hoy, sigue siendo más un símbolo de lo que podría ser que una promesa tangible de movilidad futura. No obstante, su legado sigue inspirando a quienes buscan una alternativa energética radical, en un mundo cada vez más necesitado de soluciones sostenibles.
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