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Grandes tecnológicas multiplican su huella de carbono en la era de la inteligencia artificial

El auge de la inteligencia artificial amenaza los compromisos climáticos, ya que los centros de datos disparan el consumo energético y las emisiones globales

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Vista realista y nocturna de centros de datos modernos con torres eléctricas y ciudad al fondo
Imagen ilustrativa. Créditos: Iceebook

El impacto ambiental de la revolución digital es cada vez más evidente y preocupante. Según un reciente informe de la Universidad de Cambridge, las grandes tecnológicas están multiplicando su huella de carbono a medida que crece la demanda de inteligencia artificial (IA) y el tamaño de los centros de datos a nivel mundial. El informe alerta de que, si no se toman medidas urgentes, el crecimiento descontrolado de la IA podría hacer fracasar los objetivos de cero emisiones netas en las próximas décadas.

El estudio del Centro Minderoo para la Tecnología y la Democracia de Cambridge advierte que para 2040, el consumo energético de la industria tecnológica podría ser hasta 25 veces mayor que el actual. Solo los centros de datos representan ya cerca del 1,5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, una cifra que podría multiplicarse por cinco o incluso por ocho en los próximos quince años si el auge de la IA continúa a este ritmo.

El crecimiento de los centros de datos es especialmente intenso en regiones como Estados Unidos, China y Europa, donde consumen entre el 2% y el 4% de la electricidad nacional. En algunos clústeres tecnológicos, como el de Dublín, Irlanda, se estima que hasta el 20% de toda la energía local se destina ya a alimentar los servidores y sistemas de refrigeración necesarios para la inteligencia artificial y el procesamiento masivo de datos.

Los autores del informe subrayan que las empresas tecnológicas suelen ser poco transparentes respecto a su consumo real de electricidad, agua y a sus emisiones de carbono. La falta de datos verificables dificulta a los gobiernos y reguladores evaluar el verdadero impacto ambiental de la IA. Además, algunas estimaciones independientes sugieren que las cifras oficiales podrían estar muy por debajo de la realidad.

Entre 2019 y 2023, las emisiones de gases de efecto invernadero reportadas por Google aumentaron un 48%, mientras que Microsoft registró un incremento cercano al 30% en apenas tres años. La huella de carbono de Amazon creció alrededor de un 40% entre 2019 y 2021, y aunque la empresa asegura que ha comenzado a reducirla, los niveles siguen siendo mucho más altos que antes del auge de la IA generativa.

Para intentar frenar esta tendencia, varias tecnológicas están apostando por energías alternativas como la nuclear. Empresas como Microsoft han firmado acuerdos a largo plazo para reactivar instalaciones nucleares, mientras que OpenAI y Meta promueven la energía nuclear como fuente de energía de base para alimentar el crecimiento de la IA. Sin embargo, los expertos advierten que depender exclusivamente de estas fuentes no resuelve los problemas de demanda y sostenibilidad a largo plazo.

El informe de Cambridge califica de “pensamiento mágico” la idea de que es posible liderar la revolución de la IA y alcanzar simultáneamente los objetivos de cero emisiones netas. Los investigadores reclaman la adopción de estándares globales para medir y reportar el impacto ambiental de la IA, y piden que foros internacionales como la COP integren la huella energética de la tecnología digital en las políticas de descarbonización.

El estudio también subraya la necesidad de una mayor supervisión democrática y transparencia. Actualmente, el Consejo de Energía de IA del Reino Unido está compuesto principalmente por representantes de la industria y del sector energético, sin participación de la sociedad civil ni de grupos medioambientales. Los expertos proponen vincular la financiación y la investigación en IA a requisitos estrictos de eficiencia energética y reducción real de emisiones.

Las proyecciones muestran que, si no se actúa pronto, la demanda de electricidad para centros de datos podría sobrepasar la capacidad de las redes eléctricas en muchos países, desplazando recursos esenciales para la vivienda, la industria y otros servicios críticos. Además, el uso de certificados de energía renovable y compensaciones de carbono, en vez de reducciones directas, ha permitido que muchas compañías presenten avances engañosos en materia climática.

El crecimiento explosivo de la inteligencia artificial representa un desafío sin precedentes para la sostenibilidad global. Si bien la IA puede ayudar a resolver problemas climáticos y energéticos, su desarrollo actual corre el riesgo de convertirse en un obstáculo para la descarbonización y la justicia ambiental. Solo una acción decidida y una regulación rigurosa podrán evitar que el motor de la innovación digital acabe acelerando la crisis climática.

Preguntas frecuentes

¿Por qué la IA aumenta la huella de carbono de las tecnológicas?

Porque requiere enormes centros de datos que consumen grandes cantidades de energía eléctrica y recursos.

¿Qué proponen los expertos para controlar el impacto ambiental de la IA?

Adoptar estándares globales, mayor transparencia y vincular la financiación a objetivos energéticos claros.

¿La energía nuclear es una solución definitiva?

Ayuda, pero no resuelve todos los problemas de demanda y sostenibilidad del crecimiento de la IA.

¿Qué riesgos supone el auge de la IA para los compromisos climáticos?

Puede dificultar o incluso impedir que los países cumplan sus metas de reducción de emisiones netas.

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