Las madres avispas excavadoras demuestran habilidades cognitivas extraordinarias al alimentar a sus crías, según un estudio publicado en Current Biology por investigadores de la Universidad de Exeter. Estas avispas pueden recordar la ubicación y el estado de hasta nueve madrigueras distintas y ajustar su comportamiento según las necesidades de cada larva.
El equipo liderado por el profesor Jeremy Field observó a estas avispas en brezales del sur de Inglaterra, donde cazan orugas y las almacenan en madrigueras individuales. Una vez depositado el huevo, las madres regresan días después para verificar si la larva ha sobrevivido y entregar más alimento, hasta ocho orugas por cría.
Pese a anidar en arena desnuda con cientos de nidos indistinguibles a simple vista, las madres solo cometieron errores en el 1,5 % de más de 1.200 entregas. Esto sugiere un sistema de memoria espacial y temporal altamente sofisticado en un cerebro diminuto, con capacidad para programar secuencias de alimentación dependiendo de la edad, supervivencia y cantidad de comida previa de cada cría.
El estudio también detectó que, si una larva moría, la madre reorganizaba el orden de alimentación y colocaba un nuevo huevo en el nido afectado. Si en una primera visita la larva recibía una oruga grande, la madre esperaba más tiempo para regresar, mientras priorizaba la atención de otras crías.
“Estas avispas parecen tener una forma de memoria episódica, similar a la humana, que les permite recordar qué hicieron, dónde y cuándo”, explicó Field. “No sabemos cómo lo logran, pero la precisión es impresionante para un insecto con un sistema nervioso tan pequeño.”
El experimento incluyó intercambiar orugas entre nidos y observar cómo respondían las madres. Aquellas que encontraron una oruga más grande retrasaron su siguiente visita, reorganizando su calendario para alimentar primero a crías con mayor necesidad. Esta planificación reduce el riesgo de muerte por inanición y optimiza el uso de recursos.
Si bien los errores eran más comunes cuando aumentaba el número de crías o cuando moría una larva, el nivel general de acierto evidencia que el cuidado parental en insectos puede implicar una complejidad cognitiva mayor de la que se pensaba. Estas habilidades no se aprecian en entornos artificiales, lo que subraya la importancia de estudiar el comportamiento en la naturaleza.
“Este hallazgo desafía la idea de que los insectos son autómatas simples”, concluyó Field. “La capacidad de memoria y programación que hemos documentado en estas avispas demuestra cómo la selección natural ha favorecido habilidades cognitivas sorprendentes incluso en animales de cerebro minúsculo.”
Referencias: DOI: 10.1016/j.cub.2025.04.045