Cada glaciar es único: los glaciares tienen una firma de carbono que los distingue entre sí
Un estudio internacional revela que cada glaciar posee una firma única de carbono orgánico, determinada por su entorno y el cambio climático
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
4 min lectura
Un análisis global sin precedentes de la composición del carbono orgánico en glaciares de montaña ha demostrado que, al igual que los copos de nieve que los componen, no existen dos glaciares iguales. Esta es la principal conclusión de un estudio liderado por la Universidad Estatal de Florida (FSU), publicado en la revista Global Biogeochemical Cycles, en el que participaron 12 científicos de distintas instituciones y que analizó muestras de 136 glaciares en seis continentes.
El equipo de investigación, encabezado por la investigadora postdoctoral Amy Holt y el profesor Robert Spencer, descubrió que la firma molecular del carbono orgánico en el agua de deshielo varía según la región geográfica y el impacto humano cercano. En zonas con mayor actividad industrial, como Alaska o Nepal, predomina el carbono derivado de la combustión de combustibles fósiles, mientras que en regiones remotas como Groenlandia o Nueva Zelanda, la materia orgánica glacial proviene mayoritariamente de microorganismos que habitan en el hielo.
Los glaciares, a menudo percibidos como entornos fríos e inertes, son en realidad sistemas complejos que juegan un papel clave en el ciclo del carbono del planeta. Durante el deshielo, el carbono almacenado se libera a los ecosistemas fluviales, donde puede ser utilizado por microorganismos como fuente de energía. Esta actividad microbiana transforma parte del carbono en dióxido de carbono (CO₂), contribuyendo así al balance de gases de efecto invernadero a nivel global.
“Este trabajo reveló que los glaciares son muy diversos y probablemente desempeñan funciones variables en el reciclaje continuo del carbono del planeta”, explicó Holt. Sus palabras resaltan el valor ecológico de estas masas de hielo que, a pesar de su aparente inmovilidad, influyen directamente en la salud y productividad de los ecosistemas acuáticos río abajo, incluyendo las pesquerías globales.
La campaña científica incluyó un esfuerzo logístico monumental: Holt y sus colegas recorrieron más de 40 glaciares en América del Norte (Alaska), América del Sur (Ecuador) y Asia Central (Kirguistán), entre otras regiones. Las muestras recogidas en condiciones climáticas extremas fueron posteriormente analizadas con tecnologías avanzadas de espectrometría de masas en laboratorios como el National High Magnetic Field Laboratory de la FSU.
El estudio también resolvió una controversia científica latente: si la materia orgánica glacial proviene mayoritariamente de microbios presentes en el hielo o de contaminantes industriales depositados desde la atmósfera. Los resultados muestran que ambas fuentes coexisten, pero su proporción depende de la geografía. “La materia orgánica glacial es regionalmente distinta y proviene de múltiples fuentes”, indicó Holt.
A medida que el cambio climático acelera el derretimiento de los glaciares, el carbono almacenado en estas masas heladas se está liberando a una escala creciente. Este proceso no solo modifica el balance de carbono en los ecosistemas acuáticos, sino que plantea interrogantes sobre el futuro de los servicios ecosistémicos que dependen de estos aportes, desde el ciclo de nutrientes hasta la regulación térmica de los ríos de alta montaña.
“Los glaciares están desapareciendo y con ellos su contribución única al equilibrio químico de nuestros ecosistemas”, advirtió Spencer. La investigación sugiere que a corto plazo, el agua de deshielo podría proveer carbono biológicamente disponible, pero a largo plazo, su pérdida alterará las redes tróficas acuáticas y afectará la biodiversidad y productividad de numerosos hábitats.
El estudio, financiado por la National Science Foundation y otras instituciones, constituye un hito en la biogeoquímica glacial. Al trazar un mapa molecular del carbono que fluye desde los glaciares hacia los ecosistemas terrestres, los investigadores han abierto una nueva vía para comprender cómo el cambio climático afecta no solo a los glaciares, sino a toda la cadena ecológica que depende de ellos.
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