Un grupo de científicos marinos ha hecho un balance de 25 años de cambios en las costas del mundo, reconociendo que fallaron en anticipar algunas de las amenazas más significativas que hoy enfrentan estos ecosistemas. En 2002, estos mismos investigadores publicaron una lista de predicciones sobre lo que podría afectar las costas rocosas durante el siguiente cuarto de siglo, pero admiten que la contaminación plástica global, la acidificación oceánica y la contaminación acústica los tomaron por sorpresa.
El estudio, liderado por el profesor Stephen Hawkins de la Asociación de Biología Marina y publicado en Marine Pollution Bulletin, compara las predicciones originales con la realidad actual. "Nuestras costas son los centinelas del océano global y, para muchas personas, su ventana a lo que ocurre en nuestros mares", explica Hawkins, quien ha estudiado los cambios en entornos costeros durante cinco décadas.
Entre los aciertos de las predicciones originales, los científicos anticiparon correctamente que los derrames de petróleo disminuirían en frecuencia, que aumentaría la recolección de alimentos de las costas rocosas y que se intensificaría la redistribución global de especies invasoras debido al cambio climático. También previeron acertadamente que la combinación de intensificación agrícola y urbanización costera provocaría un aumento de sedimentos en ríos y mares.
Sin embargo, subestimaron significativamente el impacto de los fenómenos meteorológicos extremos resultantes del cambio climático y no apreciaron completamente cómo las fluctuaciones climáticas afectarían a las especies y ecosistemas. Además, aunque predijeron un aumento de estructuras de defensa costera para enfrentar el nivel del mar, no calcularon bien sus impactos sobre los ecosistemas costeros más amplios.
Los errores más notables incluyen la sobrestimación de la vulnerabilidad de las costas a la eutrofización y preocupaciones infundadas sobre los impactos de organismos genéticamente modificados en la acuicultura. También temían daños significativos por instalaciones de energía renovable marina que no se han materializado, y no apreciaron completamente los efectos de la radiación ultravioleta sobre especies costeras.
Pero las sorpresas más grandes fueron las amenazas que no vieron venir. La contaminación plástica se ha convertido en una crisis global que afecta desde el plancton hasta las ballenas. La acidificación oceánica, resultado del aumento de CO2 atmosférico, amenaza especialmente a organismos con caparazones calcáreos. La contaminación lumínica artificial y la acústica están alterando los comportamientos naturales de la vida marina de formas que apenas se están comenzando a entender.
El profesor Richard Thompson, coautor del estudio y recientemente nombrado por la revista TIME entre las 100 personas más influyentes de 2025, destaca que también han surgido amenazas como la minería costera, fenómenos extremos de sequías e inundaciones, y los efectos combinados de múltiples contaminantes químicos. "Los científicos marinos han demostrado que una combinación de acciones globales y locales puede generar un cambio positivo", señala Thompson.
El estudio, que involucró a expertos de Reino Unido, Estados Unidos, Sudáfrica, Italia, Irlanda, Chile, China y Mónaco, subraya la importancia de considerar múltiples perspectivas científicas al analizar amenazas ambientales. Los investigadores reconocen que mientras algunas amenazas pueden predecirse, "siempre habrá cosas que no podamos prever, y encontrar un equilibrio siempre será clave para minimizar el impacto que tenemos en nuestro planeta".
Curiosamente, el uso recreativo de zonas costeras, que inicialmente se consideró solo negativo, ha resultado en una mayor apreciación pública de estos entornos. Esto demuestra que no todos los cambios predichos como dañinos resultan ser completamente negativos, y que la relación entre humanos y ecosistemas costeros es más compleja de lo anticipado.