Un hallazgo genético realizado en Colombia acaba de ampliar la historia de la humanidad. Investigadores de la Universidad Nacional secuenciaron el ADN de restos arqueológicos descubiertos en Nemocón, cerca de Bogotá, y encontraron un linaje humano hasta ahora desconocido en el continente.
Los restos, conocidos como el grupo de Checua, datan de hace unos 6.000 años y fueron excavados en 1992. Aunque desde entonces se habían estudiado aspectos físicos y culturales, nunca antes se había logrado descifrar de manera completa su genoma. Ahora, seis individuos ofrecieron secuencias lo suficientemente íntegras para incorporarse a un mapa genético más amplio de América.
“Al comparar con otras poblaciones del continente, descubrimos que los individuos del Período Precerámico en esta región de la sabana cundiboyacense tienen un linaje no reportado. Es un linaje nuevo”, explicó la doctora Andrea Casas, investigadora del Instituto de Genética de la Universidad Nacional.
El proyecto abarca restos de unas treinta personas, entre ellos un cráneo casi intacto. Los otros individuos recuperados en excavaciones entre 1987 y 2003 mostraron afinidad genética con poblaciones de Panamá, lo que sugiere vínculos migratorios con los grupos que descendieron desde el estrecho de Bering hace 20.000 años. Pero los Checua parecen haber seguido un camino distinto, aislado del flujo principal.
Los científicos creen que se trató de una comunidad nómada de cazadores-recolectores que terminó desapareciendo sin dejar descendencia conocida. Su extinción pudo deberse a cambios climáticos, enfermedades o la simple falta de recursos. El cráneo analizado muestra signos de abscesos dentales, lo que indica problemas de salud que pudieron haber afectado su supervivencia.
“Trabajamos con los restos disponibles. Tal vez en unos años encontremos más evidencias que arrojen nueva luz sobre este linaje”, añadió Casas, subrayando que el estudio apenas abre una ventana inicial a este grupo humano perdido.
El hallazgo también aporta pistas sobre la dieta y las condiciones de vida. Según el antropólogo José Vicente Rodríguez, las erupciones volcánicas de la región pudieron afectar los cultivos de superficie y forzar a estas poblaciones a consumir tubérculos como papas silvestres. Los dientes del cráneo no muestran caries, pero sí infecciones, un reflejo de las limitaciones sanitarias de la época.
La singularidad de Checua radica en que rompe con la idea de un único flujo migratorio homogéneo hacia Sudamérica. Su linaje inédito revela que la diversidad genética de las poblaciones antiguas fue mayor de lo que se pensaba y que América albergó grupos que permanecieron invisibles hasta que la ciencia del ADN permitió rescatarlos.
El estudio, publicado recientemente, posiciona a Colombia como un punto clave en la investigación de la genética antigua. Y muestra cómo la arqueología y la biología molecular, al unirse, pueden reescribir capítulos enteros de la historia humana.