El impacto de la sonda DART contra el asteroide Dimorphos, ocurrido en septiembre de 2022, no solo probó que es posible desviar la trayectoria de un cuerpo espacial. Un nuevo estudio revela que la colisión arrojó al espacio más de 16 millones de kilos de polvo y rocas.
Los datos fueron confirmados gracias a las imágenes obtenidas por LICIACube, un pequeño satélite italiano que acompañó a la misión. Sus cámaras captaron los instantes posteriores al choque y permitieron estimar con mayor precisión la cantidad de material liberado.
Aunque los fragmentos desprendidos representaron menos del 0,5% de la masa de Dimorphos, su efecto fue crucial. La nube de escombros generó un “empujón” adicional que multiplicó varias veces el impacto de la nave, acortando de manera significativa la órbita del asteroide alrededor de Didymos.
Los ingenieros de la NASA compararon el efecto con una breve ráfaga de un motor de cohete. La eyección de rocas funcionó como un refuerzo inesperado, demostrando que incluso una nave de apenas 600 kilos puede modificar el curso de un objeto celeste mucho mayor.
Este hallazgo tiene profundas implicaciones para la defensa planetaria. Si futuros asteroides peligrosos poseen estructuras similares a Dimorphos —acumulaciones porosas conocidas como “pilas de escombros”—, las agencias espaciales deberán tener en cuenta el efecto de la eyección al diseñar nuevas misiones de desviación.
La misión DART fue la primera prueba real de un sistema de defensa planetaria. Con un impacto controlado, los científicos demostraron que la humanidad tiene la capacidad de alterar el movimiento de un asteroide cercano, un logro histórico en la protección contra posibles amenazas cósmicas.
Dimorphos fue elegido como objetivo por orbitar a Didymos, un asteroide mayor. Esa configuración en sistema binario permitió medir con precisión los cambios en su órbita. Tras el impacto, se confirmó que el periodo de rotación se redujo en 33 minutos, mucho más de lo esperado.
Las imágenes tomadas por LICIACube mostraron columnas de polvo iluminadas por el Sol y, después, densas regiones de escombros que absorbían la luz. A partir de estos datos, los investigadores calcularon que cerca del 45% del material expulsado estaba oculto a simple vista.
La masa liberada fue 30.000 veces superior al peso de la propia nave DART. Ese contraste refleja la enorme vulnerabilidad de los asteroides porosos, que pueden reaccionar de forma amplificada a impactos relativamente pequeños.
Los expertos subrayan que no todos los asteroides reaccionarán igual. Algunos poseen materiales más compactos y resistentes, lo que podría reducir o modificar el efecto de un choque similar. Por eso, cada misión futura requerirá evaluaciones específicas del tipo de cuerpo a desviar.
El estudio refuerza la importancia de combinar observaciones satelitales, experimentos de laboratorio y simulaciones por computadora. Solo así se podrán diseñar estrategias realistas para enfrentar amenazas cósmicas que, aunque poco frecuentes, representan riesgos potencialmente catastróficos.
Para la NASA, el éxito de DART no solo fue un triunfo tecnológico, sino un paso decisivo hacia la creación de un sistema global de defensa planetaria. La investigación sobre Dimorphos servirá de guía para futuras misiones que, llegado el momento, podrían evitar un desastre mundial.
Fuente: NASA Science