Cuando la Tierra envía señales de radio a sus naves en el espacio profundo, esas ondas no solo llegan a destino. También viajan más allá, y en la trayectoria podrían encontrarse con observadores distantes. Un nuevo análisis sugiere que, si existiera vida inteligente fuera del sistema solar, habría lugares y momentos privilegiados en los que podrían detectar nuestras “llamadas” interplanetarias.
La investigación, publicada en Astrophysical Journal Letters, fue dirigida por la Universidad Estatal de Pensilvania junto con el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA. El equipo examinó los registros de la Red de Espacio Profundo (DSN), un sistema de antenas que conecta la Tierra con sondas y telescopios en órbita solar, y determinó cómo se distribuyen esas transmisiones en el tiempo y en el espacio.
Según los resultados, la mayoría de las señales terrestres se envían hacia Marte, que concentra gran parte de las misiones activas. Como el planeta rojo no bloquea del todo la señal, cualquier civilización ubicada en la línea de esa trayectoria podría interceptar las emisiones cuando se produce una alineación entre la Tierra y Marte.
“Si una inteligencia extraterrestre observa una alineación con Marte, hay un 77 % de probabilidad de que esté en la trayectoria de una de nuestras transmisiones”, explicó Pinchen Fan, autor principal del estudio. En contraste, si la observación ocurre sin la alineación de planetas, las probabilidades caen a niveles mínimos.
El análisis también mostró que otras transmisiones habituales se dirigen a telescopios en los puntos de Lagrange Sol-Tierra, como el que ocupa el Telescopio Espacial James Webb. En estas zonas de equilibrio gravitacional, los instrumentos se mantienen estables y reciben instrucciones desde la Tierra de forma constante.
La investigación calcula que una transmisión promedio de la DSN puede ser detectada hasta a 23 años luz de distancia con un telescopio similar a los nuestros. Por eso, los científicos sugieren que la búsqueda de señales alienígenas debería concentrarse en sistemas planetarios relativamente cercanos y que estén orientados de canto hacia la Tierra, lo que aumenta las posibilidades de interceptar la propagación.
El equipo considera que este patrón podría extenderse también a la búsqueda de transmisiones láser, una tecnología que algunos imaginan como alternativa a las ondas de radio. Aunque su alcance es menor, el principio de las alineaciones planetarias también aplicaría en ese escenario.
“Nuestras propias comunicaciones sirven de mapa para orientar la búsqueda de tecnofirmas extraterrestres”, señaló Jason Wright, director del Centro de Inteligencia Extraterrestre de Penn State. Para él, observar exoplanetas en tránsito o alineaciones múltiples podría ser clave en los próximos años, especialmente con el Telescopio Espacial Nancy Grace Roman, que ampliará el catálogo de mundos conocidos.
La conclusión es clara: la humanidad ya está emitiendo señales detectables más allá del sistema solar. Entender cómo se propagan y qué condiciones favorecen su detección no solo ayuda a proteger nuestra huella tecnológica, sino también a planear dónde y cómo deberíamos escuchar en la búsqueda de otras inteligencias.