Una de las pastillas más recetadas en la historia de la cardiología vuelve al centro del debate. Se trata de los betabloqueantes, medicamentos utilizados durante décadas para tratar a pacientes que sufrieron un infarto. Aunque su uso es casi rutinario, nuevos estudios muestran que no siempre funcionan de la misma manera.
Los resultados se presentaron en un congreso internacional de cardiología en Madrid y fueron publicados en revistas médicas de referencia. El punto clave es que los betabloqueantes parecen ser útiles en ciertos pacientes, pero su beneficio no es tan claro en otros.
El doctor Borja Ibáñez, del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares en España, destacó que los dos ensayos coinciden en algo importante: cuando el corazón está levemente debilitado, los betabloqueantes reducen el riesgo de nuevos infartos, insuficiencia cardíaca o incluso la muerte.
Sin embargo, la polémica aparece en los pacientes cuyo corazón sigue funcionando con normalidad tras un infarto. En ellos, un estudio mostró beneficios claros, mientras que otro no encontró diferencias significativas frente a quienes no tomaban el fármaco.
La discrepancia se observó entre el ensayo BETAMI–DANBLOCK, realizado en Noruega y Dinamarca, y el estudio REBOOT, con participación de hospitales de Italia y España. Las diferencias en edad, dosis y condiciones de los pacientes podrían explicar los resultados opuestos.
En el caso escandinavo, los investigadores encontraron que los betabloqueantes reducían en un 15% el riesgo de muerte o de un evento cardiovascular grave. En cambio, en el ensayo ibérico no hubo cambios relevantes en la incidencia de nuevos ataques cardíacos o muertes.
Algunos especialistas subrayan que la edad de los pacientes y la presencia de problemas cardíacos leves influyeron en los datos. Otros, en cambio, recuerdan que el tipo de betabloqueante recetado no fue idéntico en todos los grupos.
Las mujeres, en particular, mostraron resultados distintos en el estudio REBOOT. Aquellas que tomaban dosis altas de betabloqueantes sin disfunción cardíaca tuvieron más complicaciones, lo que abre una nueva línea de investigación sobre género y cardiología.
A pesar de la falta de consenso, los expertos coinciden en que los pacientes con función cardíaca levemente reducida deben seguir tomando los fármacos. El interrogante persiste en quienes mantienen un corazón sano tras un primer infarto, que representan la mayoría de los casos.
Se espera que en noviembre se presenten nuevos datos en un congreso de cardiología en Estados Unidos, lo que podría dar respuestas más claras sobre si los betabloqueantes deben seguir recetándose de manera universal o solo en pacientes seleccionados.