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El cerebro de los elefantes asiáticos supera en tamaño al de los africanos y revela claves sobre su inteligencia

Un estudio demuestra que, pese a ser más pequeños, los elefantes asiáticos tienen cerebros más pesados y crecen más que los de sus parientes africanos

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Elefante africano hembra con su cría en Kenia
Una elefanta africana y su cría atraviesan la sabana de Kenia. Aunque su cuerpo es más grande, sus cerebros son menos pesados que los de los elefantes asiáticos. Fotografía de Jan Zwilling

Los elefantes destacan en el reino animal por su tamaño, memoria y extraordinaria vida social. Ahora, una investigación publicada en PNAS Nexus desvela que los elefantes asiáticos (Elephas maximus) poseen cerebros notablemente más grandes que los de los elefantes africanos (Loxodonta africana), a pesar de ser más pequeños en tamaño corporal. El hallazgo, liderado por el Instituto Leibniz y la Universidad Humboldt de Berlín, aporta nuevas pistas sobre la evolución y la inteligencia de estos gigantes terrestres.

El análisis de 19 cerebros de elefantes fallecidos en zoológicos y parques nacionales, junto con datos previos y resonancias magnéticas, permitió medir las diferencias anatómicas con precisión. El cerebro promedio de las hembras asiáticas alcanza 5.300 gramos, mientras que el de las africanas apenas supera 4.400 gramos. Aunque hay menos datos de machos asiáticos, la tendencia se mantiene. Curiosamente, el cerebelo de los elefantes africanos es proporcionalmente más grande, lo que podría relacionarse con la compleja motricidad de su trompa, dotada de dos “dedos”.

Los científicos también constataron que el cerebro de los elefantes triplica su peso tras el nacimiento, un fenómeno solo comparable con el de los humanos entre los mamíferos. Este crecimiento postnatal excepcional sugiere un largo periodo de aprendizaje social y adquisición de habilidades, vital para la supervivencia en entornos cambiantes y sociedades complejas.

Primer plano de la cara de un elefante asiático
Primer plano de un elefante asiático. Esta especie se reconoce por su tamaño moderado, orejas pequeñas y una trompa con un solo “dedo”. Fotografía de Jan Zwilling

Las diferencias en el tamaño del cerebro podrían explicar los contrastes en comportamiento y domesticación. Los elefantes asiáticos han sido parcialmente domesticados durante siglos y colaboran en actividades humanas, mientras que los africanos rara vez se adaptan al trabajo o la convivencia estrecha. Además, la estructura social matriarcal y la longevidad de las hembras aportan experiencia clave a las manadas, consolidando una memoria colectiva impresionante.

Para llegar a estos resultados, el equipo internacional recurrió a cerebros donados por zoológicos y obtenidos tras fallecimientos en estado salvaje, evitando el uso de ejemplares sacrificados específicamente para la investigación. El proceso de extracción cerebral es complejo y poco frecuente, lo que explica la escasez de datos previos sobre este tema.

Los autores destacan la necesidad de nuevas investigaciones para entender cómo la estructura cerebral se vincula a la inteligencia, las habilidades motoras y la conducta social de los elefantes. Conocer mejor estos aspectos puede ayudar a mejorar el bienestar animal y fortalecer las estrategias de conservación de ambas especies, actualmente amenazadas por la pérdida de hábitat y la caza furtiva.

Referencias: 10.1093/pnasnexus/pgaf141

Preguntas frecuentes

¿Por qué los elefantes asiáticos tienen cerebros más grandes que los africanos?

Pese a su menor tamaño corporal, evolucionaron con cerebros más pesados, lo que podría influir en su comportamiento y domesticación.

¿Cuánto crece el cerebro de un elefante desde que nace?

El cerebro de los elefantes triplica su peso tras el nacimiento, un fenómeno comparable solo al de los humanos.

¿Qué papel tiene el cerebelo en los elefantes africanos?

Es proporcionalmente más grande y puede estar relacionado con la motricidad compleja de su trompa de dos “dedos”.

¿Cómo se obtuvo la información sobre los cerebros de elefantes?

A través de disecciones de animales fallecidos en zoológicos, estado salvaje y datos previos, evitando el sacrificio por investigación.

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