Durante los años 90, Estados Unidos producía más de un tercio de todos los semiconductores del mundo. Hoy, esa cifra ha caído al 12 por ciento, y el país depende del extranjero para chips avanzados, esenciales en teléfonos inteligentes, autos eléctricos e inteligencia artificial.
La Ley CHIPS, impulsada recientemente, ha abierto el camino para recuperar ese terreno. Sandia se convierte en el primer laboratorio nacional en integrarse al Centro Nacional de Tecnología de Semiconductores (NSTC), sumando su experiencia en investigación, desarrollo y salas blancas de última generación para fortalecer el ecosistema nacional de chips.
Mary Monson, directiva de Sandia, destaca que esta alianza reunifica a laboratorios, empresas y universidades para multiplicar capacidades y acelerar la innovación. La colaboración es clave para asegurar la independencia tecnológica y la seguridad nacional de Estados Unidos.
Rick McCormick, uno de los líderes científicos del proyecto, resalta que un auto moderno puede llevar 1,400 chips y los eléctricos más de 3,000. La pandemia demostró lo vulnerable que es la industria cuando hay escasez de componentes clave.
Con la inversión de más de 12,000 millones de dólares en investigación y nuevos programas para empaquetar conjuntos de chiplets —pequeñas piezas que funcionan como un solo chip potente y eficiente—, Estados Unidos quiere alcanzar más del 25 por ciento de la capacidad mundial en chips avanzados antes de 2032.
Sandia ya fabrica productos de alta fiabilidad para almacenamiento seguro y aplicaciones críticas. Ahora busca compartir instalaciones y conocimiento con otras empresas, ayudando a fortalecer la cadena de suministro nacional y formando a la próxima generación de trabajadores en STEM.
El objetivo final es que la industria estadounidense de chips vuelva a ser líder global, reduciendo la dependencia externa y asegurando tecnologías estratégicas para el futuro del país.