Durante mucho tiempo, la imagen de los peces flotando tranquilamente en el agua llevó a pensar que este comportamiento era una forma sencilla de descansar. Sin embargo, una investigación del Instituto Scripps de Oceanografía de la Universidad de California en San Diego ha demostrado que la realidad es mucho más exigente para estos animales.
El equipo de científicos descubrió que, contrariamente a lo asumido, los peces gastan casi el doble de energía al mantenerse flotando que cuando descansan inmóviles en el fondo. Para llegar a esta conclusión, analizaron el consumo de oxígeno de trece especies diferentes mientras flotaban y en reposo, usando cámaras de alta velocidad para estudiar los sutiles movimientos de sus aletas.
A pesar de tener vejigas natatorias que les permiten alcanzar la flotabilidad neutra, los peces son inherentemente inestables en el agua. Esto se debe a que su centro de masa y su centro de flotabilidad no están perfectamente alineados, lo que les obliga a hacer constantes ajustes con sus aletas para evitar volcarse o desplazarse.
El estudio comprobó que los peces con mayor separación entre su centro de masa y el de flotabilidad gastaban más energía al flotar. La forma y las proporciones del cuerpo también influyen: los peces largos y delgados resultaron menos eficientes que los de cuerpos compactos y profundos.
Lejos de ser una simple forma de reposo, flotar exige una actividad muscular continua y atención constante para mantener la posición en la columna de agua. Este gasto energético elevado es una compensación evolutiva, ya que permite a los peces una agilidad extraordinaria para moverse entre obstáculos, defender nidos o alimentarse en lugares específicos.
“Mantenerse suspendido en el agua es como intentar equilibrarse en una bicicleta parada”, explica Valentina Di Santo, autora principal del estudio. Este esfuerzo, aunque costoso, ofrece ventajas cruciales en hábitats complejos como arrecifes o zonas rocosas.
Los resultados de la investigación tienen aplicaciones más allá de la biología marina. Comprender cómo los peces logran estabilidad dinámica puede inspirar el diseño de robots y vehículos submarinos más maniobrables, capaces de adaptarse a entornos desafiantes.
El estudio no solo cambia nuestra visión sobre el esfuerzo que implica flotar para los peces, sino que destaca la sofisticación de su biomecánica y la importancia de adaptar estrategias para sobrevivir y prosperar bajo el agua.