La humanidad se enfrenta a una extinción masiva sin precedentes impulsada por su propia huella sobre el planeta Tierra
El científico Hugh Montgomery advierte que, si no se reducen drásticamente las emisiones, la humanidad provocará una extinción más veloz y devastadora que la del Pérmico
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
3 min lectura
El cambio climático no es una amenaza futura: ya está en marcha, y sus consecuencias podrían ser más catastróficas de lo que se creía. Así lo afirmó el científico británico Hugh Montgomery, director del Centro de Salud y Desempeño Humano del University College de Londres, durante su intervención en la Cumbre Global Forecasting Healthy Futures, celebrada en Río de Janeiro. Montgomery alertó que el planeta está entrando en una etapa crítica que podría desembocar en la extinción masiva más rápida y devastadora de la historia terrestre.
Montgomery es uno de los principales autores del informe 2024 sobre salud y cambio climático, publicado por la prestigiosa revista científica The Lancet. Según el investigador, de continuar las tendencias actuales de emisiones, la humanidad se enfrenta a un escenario similar al del Período Pérmico, ocurrido hace más de 250 millones de años, cuando aproximadamente el 90% de las especies desaparecieron a causa de cambios extremos en el clima y la química oceánica.
El detonante de esta potencial catástrofe sería un aumento sostenido de la temperatura media global. “Si superamos los 3 ºC sobre los niveles preindustriales, veremos consecuencias irreversibles y sistémicas”, explicó Montgomery. El planeta ya ha experimentado un aumento récord de 1,5 ºC en 2024. Si las emisiones continúan al ritmo actual, se espera alcanzar los 2,7 ºC hacia el año 2100, lo que podría detonar una serie de colapsos ecológicos encadenados.
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Entre las consecuencias más preocupantes, el científico destacó el inminente colapso de las capas de hielo del Ártico y una significativa desaceleración de la Circulación Meridional Atlántica (AMOC), corriente oceánica fundamental para la estabilidad climática global. Estos eventos provocarían un aumento abrupto del nivel del mar, con inundaciones de áreas costeras densamente pobladas y desplazamientos masivos de personas.
En su análisis, Montgomery recordó que el año pasado se emitieron 54.600 millones de toneladas equivalentes de CO₂, un incremento del 1 % respecto al año anterior. Más alarmante aún es que “la concentración atmosférica de CO₂ no solo sigue aumentando, sino que lo hace de forma cada vez más acelerada”, una señal clara de que las medidas adoptadas hasta el momento son insuficientes.
Para el experto, la mitigación ya no es una opción, sino una necesidad urgente. Sin embargo, también subrayó que las estrategias de adaptación no deben eclipsar la prioridad de reducir de forma inmediata y drástica las emisiones. “No tiene sentido tratar solo los síntomas si no estamos dispuestos a curar la enfermedad”, sentenció.
Además del impacto ecológico, Montgomery destacó las consecuencias directas sobre la salud humana: aumento de enfermedades respiratorias, olas de calor mortales, inseguridad alimentaria, pérdida de biodiversidad e incremento de desastres naturales. Todo esto forma parte de un panorama cada vez más complejo y alarmante, en el que la estabilidad climática, la salud global y la supervivencia de especies —incluida la humana— están profundamente entrelazadas.
Frente a este contexto, Montgomery hizo un llamado a gobiernos, empresas y ciudadanos para actuar con decisión. “Estamos destruyendo la base misma sobre la cual se sostiene nuestra civilización”, advirtió. El mensaje fue claro: si no se toman medidas urgentes, el siglo XXI podría pasar a la historia como el escenario del mayor colapso biológico jamás registrado.
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