Una nueva investigación internacional revela que los esfuerzos de China para reducir la contaminación atmosférica han tenido un efecto secundario inesperado: acelerar el calentamiento global desde 2010. El estudio, que utilizó simulaciones de ocho modelos del sistema terrestre, demuestra que la reducción del 75% en las emisiones de sulfato en Asia Oriental ha desenmascarado parcialmente el calentamiento impulsado por gases de efecto invernadero.
Los investigadores encontraron que esta limpieza atmosférica ha contribuido con un calentamiento global promedio de 0.07 ± 0.05°C, suficiente para ser un impulsor principal del repunte en la tasa de calentamiento global observado desde 2010. La tasa de calentamiento de la superficie terrestre, que se había mantenido relativamente constante en 0.18°C por década desde 1970, aumentó a 0.25°C por década entre 2013 y 2022.
El fenómeno se explica por el papel que los aerosoles atmosféricos habían jugado como "refrigerantes" del planeta. Durante décadas, las partículas de contaminación actuaron como un escudo parcial contra el calentamiento, dispersando la radiación solar de vuelta al espacio y afectando la formación de nubes. Cuando China implementó políticas estrictas de calidad del aire, este efecto refrigerante se redujo significativamente.
China redujo sus emisiones de dióxido de azufre, el precursor principal de los aerosoles de sulfato, en aproximadamente 20 toneladas por año desde 2010. Esta reducción masiva, equivalente al 75% de sus emisiones anteriores, se implementó como parte de un esfuerzo nacional para combatir la severa contaminación atmosférica que afectaba las principales ciudades del país.
El Proyecto de Intercomparación de Modelos Regionales de Aerosoles (RAMIP) permitió a los científicos simular específicamente los efectos de estos cambios en las emisiones asiáticas. Las simulaciones abarcaron el período 2015-2049 y utilizaron 80 miembros de conjunto para capturar tanto la incertidumbre del modelo como la variabilidad climática interna.
Los efectos del calentamiento no se limitaron a Asia Oriental. El estudio encontró un calentamiento significativo en gran parte del Pacífico Norte, América del Norte y el Ártico durante el invierno. Esto es consistente con observaciones recientes que muestran un patrón de calentamiento elevado en estas mismas regiones desde 2010.
Los investigadores también detectaron cambios en el desequilibrio radiativo en la parte superior de la atmósfera que coinciden con las observaciones satelitales recientes. Las mediciones del instrumento CERES muestran anomalías positivas en el Pacífico Norte, precisamente donde los modelos predicen que ocurrirían los efectos de la reducción de aerosoles asiáticos.
Paradójicamente, mientras China ha logrado mejoras dramáticas en la calidad del aire y la salud pública, estas mismas mejoras han contribuido inadvertidamente al calentamiento global. Los científicos enfatizan que esto no significa que las políticas anticontaminación sean erróneas, sino que ilustra la complejidad de las interacciones climáticas.
De cara al futuro, se proyecta que las emisiones de Asia Oriental continuarán disminuyendo, aunque a un ritmo más lento. Los investigadores estiman que quedan menos de 10 toneladas de SO₂ por año por reducir, aproximadamente el 25% del valor de 2010, lo que significa que la influencia futura de estos cambios en el calentamiento global será menor.
El estudio subraya la importancia de comprender todos los factores que influyen en el clima terrestre, incluidos los efectos no intencionales de las políticas ambientales. Los resultados también destacan la urgencia de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, ya que la eliminación gradual de los aerosoles está revelando el verdadero alcance del calentamiento causado por las actividades humanas.
Fuentes: Nature