En un campo de San Antonio de Areco, provincia de Buenos Aires, nacieron cinco potrillos que parecen comunes. Sin embargo, se trata de los primeros caballos del mundo editados genéticamente con la técnica CRISPR, un avance científico que promete revolucionar la cría equina pero que ya genera tensiones en el polo argentino.
Los animales son clones de un ejemplar premiado llamado Polo Pureza. La empresa Kheiron Biotech aplicó una modificación en el gen de la miostatina, que regula el crecimiento muscular, para potenciar la fuerza y la velocidad. La idea es que los caballos se conviertan en velocistas capaces de transformar el rendimiento dentro de la cancha.
La Asociación Argentina de Polo reaccionó con cautela. Prohibió por ahora la participación de caballos transgénicos en competencias oficiales y anunció que observará su evolución durante los próximos cuatro o cinco años antes de decidir si los registra como caballos de polo argentinos.
El presidente de la asociación, Benjamín Araya, expresó su rechazo al ingreso de estos potros al deporte. Según explicó, la esencia del polo radica en la crianza tradicional, en la selección paciente de yeguas y sementales, y en la magia de esperar el resultado natural de la genética.
Kheiron Biotech, fundada por el científico Gabriel Vichera y el empresario Daniel Sammartino, asegura que la edición genética es una evolución lógica de la clonación, técnica que ya se utiliza en el polo desde hace más de una década. La compañía argumenta que se trata de un paso natural en la mejora del rendimiento y en la preservación de linajes valiosos.
El debate divide al sector. Criadores tradicionales sostienen que la edición genética amenaza con desvirtuar el negocio y la esencia del deporte. Algunos, como el exjugador Marcos Heguy, comparan este avance con reemplazar a un pintor por inteligencia artificial, donde la técnica desplaza al arte.
Otros recuerdan que al principio hubo resistencia a innovaciones hoy comunes, como la inseminación artificial, los trasplantes de embriones y la clonación. Para ellos, el polo siempre se ha nutrido de avances biotecnológicos y esta no debería ser la excepción.
Argentina es el mayor exportador mundial de caballos de polo. Solo en 2024 vendió más de 2.400 ejemplares, que compiten en torneos de elite como el Abierto Argentino y la Copa de la Reina en Inglaterra. La discusión sobre los transgénicos podría influir en ese mercado internacional, donde aún no está claro si compradores y reguladores aceptarían animales modificados.
Los potros recién nacidos aún deberán pasar varios años de entrenamiento antes de debutar en canchas de polo. Primero se acostumbrarán a la montura a los dos años y solo después empezarán a entrenarse en partidos. Mientras tanto, la polémica continúa.
Para los científicos, la edición genética no busca reemplazar al criador sino acelerar procesos naturales. Para los jugadores y criadores tradicionales, la pregunta es si el polo seguirá siendo el mismo cuando un laboratorio decida qué caballo puede galopar más rápido. El tiempo, y la cancha, tendrán la última palabra.