Las tensiones entre Estados Unidos y Venezuela se intensificaron el jueves 28 de agosto de 2025 tras la llegada de varios buques de guerra y un submarino nuclear estadounidense al Caribe sur. Washington argumentó que la operación tiene como objetivo combatir a los cárteles de la droga latinoamericanos, pero el gobierno de Nicolás Maduro lo calificó como una amenaza directa a la soberanía venezolana.
Según fuentes militares estadounidenses, en la región se encuentran al menos siete buques de guerra, entre ellos el USS San Antonio, el USS Iwo Jima y el USS Fort Lauderdale, que transportan a más de 4.500 efectivos, incluidos 2.200 infantes de marina. Además, un submarino de ataque rápido de propulsión nuclear fue desplegado en aguas internacionales cercanas, lo que elevó la tensión regional a niveles no vistos en los últimos años.
El presidente estadounidense Donald Trump afirmó que estaba dispuesto a usar todos los recursos militares y de inteligencia disponibles para impedir que las drogas lleguen a su país. Desde la Casa Blanca se señaló que varias naciones del Caribe y de América Latina han respaldado la operación como parte de la lucha contra el narcotráfico, aunque no se revelaron los países que ofrecieron su apoyo explícito.
Maduro respondió que Venezuela estaba siendo amenazada con submarinos nucleares en violación de tratados internacionales y denunció lo que calificó como diplomacia de cañones. Durante un acto público en Caracas reiteró que su gobierno no permitirá injerencias extranjeras y anunció el despliegue de 15.000 soldados en la frontera occidental con Colombia para reforzar la seguridad ante grupos criminales.
El mandatario venezolano también llamó a la Milicia Nacional Bolivariana y a grupos de defensa civil a mantener entrenamientos permanentes los viernes y sábados. Para Maduro, la presencia militar estadounidense es una estrategia de presión que se suma a las sanciones económicas impuestas a su país, las cuales ha calificado repetidamente como parte de una guerra económica.
Mientras tanto, Estados Unidos señaló que su objetivo principal no es un enfrentamiento directo con Venezuela sino atacar las operaciones de los cárteles de la droga en la región. En febrero de este mismo año, Washington designó al Cártel de Sinaloa de México y al grupo venezolano Tren de Aragua como organizaciones terroristas globales, lo que amplió las facultades legales para operaciones militares y de inteligencia.
La situación refleja el aumento de la tensión geopolítica en el Caribe y Sudamérica, donde los movimientos militares suelen tener repercusiones en la estabilidad regional. A corto plazo, la presencia de buques y aviones de vigilancia estadounidenses en el área continuará generando fricciones, mientras el gobierno de Maduro busca apoyo interno y externo para resistir la presión.