La Argentina registró en julio la mayor producción de petróleo en más de dos décadas, alcanzando los 811.200 barriles diarios según datos oficiales de la Secretaría de Energía. Se trata del nivel más alto desde 1999 y deja al país a las puertas de superar el récord histórico de mayo de 1998, cuando la cifra llegó a 853.829 barriles.
El motor de este crecimiento es Vaca Muerta, que aportó más de 508.000 barriles diarios, el 63% de la producción total nacional y el 96% de la neuquina. La altísima productividad de la formación no convencional compensó el declino de los yacimientos tradicionales y permitió revertir una tendencia que parecía irreversible hace apenas una década.
La producción interanual marcó un aumento del 17,9% en comparación con julio de 2024. Además, el gas natural también alcanzó un récord histórico con más de 159 millones de metros cúbicos diarios, impulsado por la ampliación de capacidad en el gasoducto Perito Moreno.
El repunte energético tuvo un impacto directo en la balanza comercial. En los primeros siete meses del año, el superávit energético fue de 3.959 millones de dólares, cifra que sostuvo el saldo global positivo del comercio argentino. Sin este aporte, la balanza habría arrojado un déficit de 208 millones.
Los especialistas destacan que este escenario abre la posibilidad de consolidar a la Argentina como un polo exportador de hidrocarburos en los próximos años. Sin embargo, también advierten sobre los desafíos: el costo de perforar un pozo en Vaca Muerta es hasta 45% más alto que en el Permian estadounidense.
A esto se suman factores macroeconómicos internos como la presión impositiva, las regalías provinciales del 12% y las retenciones a la exportación del 8%, además de la volatilidad internacional del precio del crudo, que actualmente ronda entre los 60 y 70 dólares el barril.
Pese a estas limitaciones, la industria ya proyecta una duplicación de la producción hacia 2030. La meta es superar el millón de barriles diarios de petróleo, acompañado por un fuerte desarrollo de infraestructura, entre ellos el oleoducto VMOS, que conectará la cuenca neuquina con Río Negro y que comenzará a operar en 2026.
En materia de gas, el arribo del buque de licuefacción Hilli Episeyo en 2027 permitirá exportar 11,5 millones de metros cúbicos diarios. Dos años después se sumará una segunda nave con otros 16 millones, lo que consolidará al país como proveedor regional de GNL.
La expectativa oficial es que el superávit energético pueda multiplicarse hasta alcanzar los 20.000 millones de dólares en un plazo de cinco años. Este escenario dependerá, no obstante, de mantener la competitividad frente a otros productores y de ofrecer un marco regulatorio estable que incentive la inversión privada.
Por lo pronto, el salto de julio marca un hito: la producción petrolera argentina vuelve a niveles no vistos en 26 años y se encamina a romper un récord histórico que parecía inalcanzable. El desafío ahora es sostener el impulso en un contexto global de precios inciertos y transición energética.