Publicado: 24 mar. 2025

Una nueva teoría revela cómo se mueven los enjambres de langostas

Una investigación internacional propone una nueva teoría sobre el movimiento de las langostas, desafiando la idea de que sus enjambres actúan de forma coordinada.

261

/

3 min lectura

Autor - Aldo Venuta Rodríguez

Langosta del desierto vista en primer plano mostrando su ojo compuesto.

Las langostas son capaces de formar enjambres masivos que arrasan con cultivos en cuestión de horas. Hasta ahora, se creía que este movimiento colectivo era producto de una coordinación sincronizada entre los insectos. Sin embargo, un nuevo estudio realizado por científicos de Texas A&M y del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal sugiere lo contrario: las langostas no se mueven como un solo cuerpo organizado, sino que cada una reacciona de forma independiente, generando patrones de movimiento emergente.

El estudio fue dirigido por el entomólogo Greg Sword, profesor de la Facultad de Agricultura y Ciencias de la Vida de Texas A&M, en colaboración con investigadores del Centro para el Estudio Avanzado del Comportamiento Colectivo en Alemania. Sus hallazgos fueron publicados en la revista científica Science, y plantean una nueva perspectiva sobre cómo surgen los patrones de movimiento en grupos de animales.

Las langostas del desierto, protagonistas del estudio, son conocidas por su comportamiento dual. En bajas densidades, son solitarias y evitan el contacto. Pero cuando su número aumenta, sufren un cambio radical conocido como polifenismo de fase: alteran su biología, color y comportamiento para volverse sociales y formar enjambres migratorios. Estos enjambres pueden devastar cosechas en África, Asia y América Latina, y son una amenaza constante para la seguridad alimentaria.

Según Sword, aunque factores ambientales como la topografía o la disponibilidad de alimento influyen en la dirección del enjambre, el verdadero motor del movimiento es la interacción entre individuos. Cada langosta responde a lo que hacen sus vecinas más cercanas, lo que genera un patrón colectivo que no depende de un liderazgo central ni de una sincronización perfecta.

“Cada insecto actúa por su cuenta, pero al seguir reglas simples, el grupo entero adquiere un patrón de movimiento coherente”, explica Sword. “Este descubrimiento puede cambiar nuestra forma de entender y predecir la trayectoria de los enjambres, lo que sería clave para desarrollar estrategias de control más efectivas”.

Los resultados también podrían aplicarse a otras especies que forman enjambres, como los grillos mormones o langostas centroamericanas. Estas últimas han sido detectadas en enjambres a menos de 240 kilómetros de la frontera entre Texas y México. Según los investigadores, conocer los mecanismos de comportamiento que comparten diferentes especies permitiría diseñar respuestas regionales más eficaces antes de que la amenaza cruce fronteras.

Este estudio no solo aporta una nueva teoría con base empírica sobre el comportamiento colectivo, sino que abre nuevas puertas para la vigilancia ecológica y la protección agrícola. Comprender cómo se mueve el enjambre es el primer paso para anticipar y frenar su avance.