Mientras se dirige a la cumbre de la OTAN en Países Bajos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha puesto en duda el tradicional compromiso estadounidense con la defensa automática de los aliados del Atlántico Norte. Sus declaraciones llegan justo cuando la alianza atraviesa uno de sus momentos más sensibles desde el final de la Guerra Fría.
Durante el vuelo hacia Europa, Trump sugirió ante periodistas que la conocida cláusula de defensa mutua del Artículo 5 de la OTAN podría tener "múltiples interpretaciones", y evitó comprometerse abiertamente con el respaldo militar automático a los países miembros en caso de ataque. Estas palabras, lejos de ser anecdóticas, generan inquietud en las capitales europeas en vísperas de la cumbre.
El mandatario estadounidense también elevó la presión sobre los socios europeos para que aumenten sustancialmente su gasto en defensa, y celebró que varios aliados hayan accedido a invertir más del 2% de su PIB, el objetivo que Trump ha convertido en su bandera política desde su llegada a la Casa Blanca. Sin embargo, insiste ahora en que la cifra debería escalar hasta el 5%, un desafío económico y político para Europa.
La cumbre, que reunirá a los líderes de las 32 naciones miembros, estará marcada por la guerra en Ucrania y la creciente tensión con Rusia. Trump reiteró que la protección de Europa no puede seguir recayendo casi exclusivamente en Washington, y que “cada país debe estar preparado para defenderse”, reabriendo el debate sobre la autonomía estratégica europea.
En paralelo, la presencia de Trump en Europa ha reavivado el debate sobre la cohesión interna de la OTAN. Países como España han sido criticados por el mandatario por no alcanzar los niveles de inversión requeridos, mientras otros líderes, como el secretario general Mark Rutte, han tratado de calmar los ánimos felicitando públicamente la "acción decisiva" de Trump respecto a Irán y el impulso a la modernización militar.
Rusia, por su parte, ha aprovechado las tensiones internas para acusar a la OTAN de militarización desenfrenada y de convertir al país en “chivo expiatorio” para justificar el incremento presupuestario. El Kremlin insiste en que la alianza está orientada a la confrontación y no a la estabilidad, y observa con suspicacia el creciente gasto en armamento y defensa en toda Europa.
Se espera que durante la cumbre, Trump se reúna con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, quien busca asegurar el envío de nuevas armas y reforzar la cooperación militar frente a las ofensivas rusas. Zelenski ha advertido a los socios europeos que si Rusia no es detenida en Ucrania, la propia seguridad continental estará en juego.
En este contexto de incertidumbre y presión, la reunión en Países Bajos será decisiva para el futuro de la alianza. No solo está en juego la unidad frente a Moscú, sino también la capacidad de los aliados para redefinir el compromiso mutuo y el reparto de responsabilidades en materia de seguridad. Las palabras y gestos de Trump, tanto en privado como en público, condicionarán el ambiente y el desenlace de la cita.