Un neandertal deja en Segovia la huella dactilar humana más antigua jamás descubierta
El hallazgo en el Abrigo de San Lázaro revela la capacidad simbólica de los neandertales y reescribe la historia de la expresión humana
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
5 min lectura
El hallazgo realizado en una cueva de Segovia ha impactado a la arqueología mundial. Un equipo de investigadores españoles ha identificado la huella dactilar humana más antigua jamás encontrada, impresa por un neandertal hace unos 43.000 años sobre un canto rodado de granito. Esta pieza, descubierta en el Abrigo de San Lázaro, abre una nueva ventana sobre el simbolismo y la creatividad en la prehistoria.
El contexto es excepcional. El Abrigo de San Lázaro es uno de los enclaves más ricos para comprender la vida de los últimos neandertales de la Península Ibérica. En sus niveles arqueológicos se han documentado herramientas de piedra, restos de fauna y, ahora, una pieza única que invita a reinterpretar la capacidad cognitiva de estos humanos arcaicos.
Todo comenzó con una pequeña piedra, aparentemente insignificante. Al excavar el yacimiento, los arqueólogos encontraron un canto rodado cubierto de un punto de pigmento rojo. La ubicación y el tamaño del punto llamaron la atención del equipo, que intuyó que podía tratarse de algo más que una simple mancha accidental.
El siguiente paso fue someter el guijarro a análisis de alta precisión. La microscopía electrónica de barrido y los estudios multiespectrales revelaron que la marca había sido realizada de forma intencionada. El pigmento, identificado como ocre, es habitual en el arte rupestre paleolítico, pero en este caso fue aplicado con la yema del dedo, dejando la huella dactilar perfectamente conservada.
A partir de la morfología, los científicos atribuyeron la impresión al dedo índice derecho de un joven varón neandertal. Este dato permite inferir aspectos físicos, pero también sociales, sobre quién realizó la acción y en qué contexto. La pieza se convierte así en la evidencia más completa y antigua de una huella dactilar humana jamás hallada.
¿Por qué es tan relevante este objeto? A diferencia de otros hallazgos, el guijarro no muestra señales de desgaste funcional ni marcas de uso como herramienta. Todo apunta a un uso simbólico, quizá ritual o artístico, lo que sugiere que los neandertales ya eran capaces de atribuir significado a ciertos objetos seleccionados del entorno.
La elección de la piedra, la aplicación precisa del pigmento y la ausencia de utilitarismo refuerzan la hipótesis de una intención comunicativa y creativa. Es posible que el punto rojo representara un símbolo, una marca identitaria o incluso una forma temprana de arte abstracto. Nada indica que se tratara de un simple acto espontáneo.
El trabajo fue publicado en la revista Archaeological and Anthropological Sciences y ha involucrado a equipos de la Universidad Complutense, el IGME-CSIC, la Universidad de Salamanca y la Policía Científica. Esta colaboración interdisciplinar ha permitido analizar el hallazgo desde ángulos tecnológicos, forenses y culturales.
Más allá de su importancia científica, este descubrimiento consolida el valle del Eresma como un enclave fundamental para estudiar la transición entre los últimos neandertales y los primeros humanos modernos. En la zona existen otros yacimientos contemporáneos, lo que facilita el análisis comparado de comportamientos y expresiones simbólicas.
Un detalle curioso es el apodo que recibió la pieza: “Perico”, en homenaje al ciclista Pedro Delgado. Pero lo que realmente fascina es el grado de sofisticación que revela este pequeño objeto. Imprimir una huella con ocre implica imaginación, dominio técnico y una clara voluntad de dejar huella, aunque su significado exacto se haya perdido con el paso de los milenios.
Este descubrimiento obliga a replantear la imagen tradicional de los neandertales. Demuestra que poseían una mente capaz de idealizar, comunicar y proyectar pensamientos complejos sobre el mundo material. La cultura simbólica, el arte y el deseo de trascender forman parte de una herencia humana mucho más antigua de lo que se pensaba.
En definitiva, la huella dactilar de Segovia no es solo una marca en una piedra. Es la huella de un pensamiento simbólico que desafía los límites de lo que sabíamos sobre los neandertales. El hallazgo refuerza la idea de que la creatividad y la necesidad de dejar rastro trascienden especies y milenios, hundiendo sus raíces en los orígenes más profundos de la humanidad.
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