El estudio, publicado en The Astrophysical Journal Letters, detalla cómo estos anillos de polvo se crean periódicamente cada ocho años, cuando las dos estrellas masivas del sistema alcanzan su punto más cercano en su órbita. Durante este proceso, las intensas interacciones gravitacionales generan explosiones de material estelar que dan origen a ondas de polvo expandiéndose en el espacio a velocidades cercanas al 1% de la velocidad de la luz.
El sistema Wolf-Rayet 140 ha sido objeto de estudio desde hace más de un siglo. Fue identificado en 1867 por los astrónomos franceses Charles Wolf y Georges Rayet, quienes detectaron emisiones inusuales provenientes de estrellas masivas. Estas estrellas, en la última fase de su evolución, han agotado su hidrógeno y comienzan a liberar sus capas externas, ricas en carbono, oxígeno y nitrógeno. La interacción con la segunda estrella del sistema da lugar a intensos vientos estelares que comprimen el material circundante y generan polvo cósmico.
Los anillos detectados por James Webb no solo son impresionantes por su simetría, sino que también representan un laboratorio natural para estudiar la producción de polvo estelar en el universo. Se estima que los vientos de este sistema binario han estado enriqueciendo el medio interestelar de la Vía Láctea durante los últimos 150 años, contribuyendo con varios cientos de masas terrestres de polvo en cada nueva órbita. Este material es clave para la formación de planetas, estrellas y moléculas complejas.
El polvo cósmico juega un papel crucial en la evolución del universo. Los elementos químicos presentes en este material, como el carbono y el oxígeno, son fundamentales para la formación de sistemas planetarios y la aparición de la vida. Según los investigadores, sistemas como WR 140 podrían ser fuentes importantes de polvo en nuestra galaxia, aunque aún es necesario determinar qué tan significativo es su aporte en comparación con otros fenómenos como las supernovas o las estrellas AGB.
Las nuevas imágenes de James Webb permiten medir con precisión la velocidad de expansión del polvo en el espacio y mejorar nuestra comprensión sobre cómo se enriquece el entorno galáctico. Estos datos no solo ayudan a descifrar la historia química de la Vía Láctea, sino que también podrían proporcionar pistas sobre la formación de exoplanetas similares a la Tierra y sus probabilidades de albergar vida.
El descubrimiento de los anillos de polvo en Wolf-Rayet 140 demuestra que los telescopios modernos continúan revelando detalles sorprendentes sobre la dinámica estelar. A medida que avanzan las observaciones, los astrónomos esperan encontrar más sistemas binarios con configuraciones similares y determinar si son una fuente significativa de material cósmico en la galaxia.