Aumenta la actividad volcánica en 2025 con erupciones y alertas a nivel mundial
En lo que va de 2025, la actividad volcánica a nivel mundial ha mostrado un aumento notable. Desde la erupción del Etna en Italia hasta advertencias sobre posibles eventos en el Teide, el Axial Seamount y el Puracé, la comunidad científica intensifica su monitoreo ante el incremento de estos fenómenos. ¿Qué está causando esta mayor actividad? ¿Existe un patrón global o es una coincidencia geológica?
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
6 min lectura
El año 2025 comenzó con un aumento notable en la actividad volcánica a nivel mundial, lo que ha captado la atención de la comunidad científica y del público. Aunque los volcanes son elementos activos de la geología terrestre, el incremento en la frecuencia y magnitud de estos eventos plantea interrogantes sobre posibles patrones globales. La actividad volcánica no solo afecta a las regiones cercanas, sino que puede tener implicaciones climáticas, económicas y sociales a gran escala.
Uno de los episodios más destacados de este año fue la erupción del volcán Etna, ubicado en Sicilia, Italia. Considerado el volcán más activo de Europa, el Etna entró en erupción el 10 de febrero, generando flujos de lava que descendieron sobre la nieve, lo que creó un impresionante contraste visual. Esta erupción también produjo una columna de humo visible a varios kilómetros de distancia, afectando temporalmente el tráfico aéreo en la región. Aunque no se reportaron daños graves ni víctimas, la actividad continua del Etna obliga a las autoridades locales y a la comunidad científica a mantener una vigilancia constante, ya que las emisiones de cenizas podrían tener repercusiones en la salud pública y en la economía local.
En Colombia, el volcán Puracé también ha mostrado signos de incremento en su actividad desde el 13 de febrero. Según el Servicio Geológico Colombiano, se ha detectado un aumento en las señales sísmicas asociadas al movimiento de fluidos a profundidades menores de dos kilómetros bajo el cráter. Este tipo de actividad podría indicar un ascenso de magma, lo que incrementa el riesgo de una erupción. Aunque hasta el momento no se ha registrado una explosión, las autoridades locales han emitido alertas preventivas para las comunidades cercanas y han reforzado los protocolos de evacuación. Además, se han instalado equipos adicionales de monitoreo para detectar cualquier cambio repentino en la actividad del volcán.
En el océano Pacífico, el volcán submarino Axial Seamount, ubicado a más de un kilómetro de profundidad, ha sido objeto de especial atención. Investigadores de la Universidad Estatal de Oregón han pronosticado que podría entrar en erupción en algún momento de 2025. Este pronóstico se basa en datos geofísicos que muestran una hinchazón del fondo marino similar a la observada antes de su última erupción en 2015. Una erupción submarina de esta magnitud podría generar tsunamis locales y tener un impacto significativo en los ecosistemas marinos. Los expertos advierten que, aunque estas erupciones son difíciles de predecir con precisión, es fundamental continuar el monitoreo para mitigar posibles riesgos.
Otro volcán que ha generado preocupación es el Teide, ubicado en las Islas Canarias, España. Recientes estudios han detectado variaciones en los patrones sísmicos de la región, lo que ha llevado a algunos científicos a advertir sobre la posibilidad de un aumento en su actividad en los próximos meses. Aunque aún no se ha emitido una alerta oficial, las autoridades locales han reforzado los protocolos de monitoreo y prevención. El Teide, al ser uno de los destinos turísticos más visitados de España, representa un riesgo potencial no solo para la población local, sino también para la industria del turismo en la región.
El incremento en la actividad volcánica durante 2025 ha reavivado el debate sobre las posibles causas de estos fenómenos. Algunos científicos sugieren que el cambio climático podría estar desempeñando un papel indirecto. El derretimiento de glaciares y el aumento del nivel del mar podrían estar alterando la presión sobre la corteza terrestre, lo que a su vez influiría en la actividad volcánica. Este fenómeno se conoce como “descompresión glacial” y podría ser un factor clave en el aumento de erupciones en regiones cercanas a áreas polares.
Por otro lado, los procesos tectónicos naturales, como el movimiento de las placas terrestres, continúan siendo la explicación principal para la mayoría de las erupciones. Los bordes de placas tectónicas, como el Anillo de Fuego del Pacífico, son zonas propensas a una actividad sísmica y volcánica intensa. Dado que muchos de los volcanes activos en 2025 se encuentran en estas zonas, algunos expertos consideran que el aumento actual es parte de los ciclos geológicos normales del planeta.
Sin embargo, lo que distingue a la actividad volcánica de 2025 es su distribución geográfica. Los recientes eventos no se limitan a una región específica, sino que se han registrado en diferentes continentes y entornos, desde volcanes submarinos hasta aquellos ubicados en zonas turísticas y urbanas. Esta dispersión global hace que los científicos se planteen si estamos ante un aumento temporal o el inicio de un ciclo volcánico más activo a nivel mundial.
La importancia del monitoreo volcánico nunca ha sido tan evidente. Gracias a los avances tecnológicos, es posible detectar señales de actividad volcánica con mayor antelación, lo que permite implementar medidas preventivas para proteger a la población. Redes de sismógrafos, satélites de observación y sistemas de alerta temprana son herramientas esenciales en la gestión de riesgos volcánicos. Además, la cooperación internacional entre institutos de vulcanología y organismos de protección civil ha demostrado ser clave para responder eficazmente a estas amenazas naturales.
En conclusión, aunque la actividad volcánica es una parte inherente del funcionamiento de la Tierra, el aumento registrado en 2025 resalta la necesidad de vigilancia constante y de comprender mejor las interacciones entre el clima, la tectónica y el vulcanismo. Si bien los expertos coinciden en que no hay motivos para una alarma global inmediata, los recientes eventos son un recordatorio de que el planeta sigue siendo un sistema dinámico y en constante evolución. La preparación y la educación pública seguirán siendo fundamentales para enfrentar los desafíos que representan los volcanes activos.
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