Un estudio realizado por el University College de Londres (UCL) revela que Corea del Norte participa activamente en el comercio ilegal de vida silvestre, afectando incluso a especies protegidas por su propia legislación. Este tráfico representa una amenaza creciente para la biodiversidad de la región asiática y desafía normas internacionales de conservación como la Convención CITES.
El informe, publicado en Biological Conservation, se basa en entrevistas a desertores norcoreanos, entre ellos cazadores, intermediarios y compradores, y describe un sistema estatal y paralelo de caza, cría y comercio de especies silvestres, incluidos osos negros asiáticos, nutrias euroasiáticas y gorales de cola larga.
A pesar de contar con leyes que protegen especies y áreas naturales, el gobierno norcoreano viola regularmente su propio marco legal, participando directamente en la recolección y comercialización de fauna salvaje. Las partes de los animales se destinan tanto al consumo interno como a la exportación ilegal, principalmente hacia China, donde se emplean en la medicina tradicional.
Los investigadores destacan que Corea del Norte opera granjas de vida silvestre donde se crían especies como faisanes, ciervos y osos negros. Estos últimos son utilizados para extraer bilis, una práctica ampliamente condenada por activistas debido al sufrimiento animal y su contribución a la presión sobre especies en peligro.
“La caza indiscriminada impulsada por la precariedad económica del país amenaza no solo la fauna local, sino también la recuperación de ecosistemas fronterizos”, señaló el Dr. Joshua Elves-Powell, autor principal del estudio. Desde la hambruna de los años 90, la economía informal en Corea del Norte ha fomentado un mercado negro de carne, pieles y órganos animales.
El estudio advierte que casi todas las especies de mamíferos de más de medio kilo han sido objeto de caza en el país. El sable, una especie de marta, ha sido virtualmente exterminado. Tigres y leopardos de Amur podrían enfrentar una situación similar si cruzan a territorio norcoreano desde China, donde sus poblaciones comienzan a recuperarse.
Los investigadores piden a China que refuerce sus esfuerzos para controlar la demanda doméstica de productos de fauna silvestre y presione a Corea del Norte para que detenga su participación estatal en este comercio. También exigen que se dé prioridad al cumplimiento efectivo de la legislación ambiental norcoreana.
El informe concluye que la continuidad de esta explotación pone en riesgo no solo la fauna norcoreana, sino el equilibrio ecológico de toda la península. Corea del Norte podría convertirse en una barrera para la conectividad biológica entre Asia continental y la región coreana, limitando los esfuerzos regionales de conservación.
Referencias: DOI: 10.1016/j.biocon.2025.111102