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Un equipo internacional de científicos ha identificado dos nuevas especies de cocodrilos en islas frente a la costa de Quintana Roo. Una habita en la turística isla de Cozumel, y la otra en el remoto atolón coralino de Banco Chinchorro. Ambos reptiles permanecen sin nombre científico oficial, pero sus características genéticas y anatómicas las distinguen claramente del cocodrilo americano continental (Crocodylus acutus).
El hallazgo fue liderado por investigadores de la Universidad McGill de Canadá, en colaboración con científicos mexicanos del Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), y se basa en estudios de ADN y morfología craneal. Los análisis revelaron que las poblaciones insulares han evolucionado de manera independiente, impulsadas por el aislamiento geográfico y barreras ecológicas que limitan el flujo genético.
Cada una de estas nuevas especies tiene una población reproductora estimada en menos de 1,000 ejemplares, lo que las convierte en especies altamente vulnerables. Mientras Banco Chinchorro goza de protección como Reserva de la Biosfera de la UNESCO, Cozumel enfrenta una fuerte presión urbanística debido al turismo masivo y la expansión de infraestructura.
“La biodiversidad está desapareciendo a un ritmo mayor al que podemos identificarla”, advirtió Hans Larsson, director del estudio y profesor de biología en McGill. “La mayoría de los cocodrilos del mundo ya están en peligro, y estas nuevas especies corren un riesgo aún mayor por su hábitat tan limitado”.
Los investigadores realizaron expediciones de campo en ambas islas entre 2022 y 2024, capturando ejemplares para recolectar muestras de sangre, escamas y tejido. José Ávila-Cervantes, coautor del estudio y exalumno de posgrado de McGill, destacó que este es el primer análisis exhaustivo de la variabilidad genómica y morfológica de cocodrilos a lo largo del Caribe mexicano y Centroamérica.
La investigación fue publicada en la revista Molecular Phylogenetics and Evolution, y contó con apoyo financiero de la Fundación Canadiense para la Innovación (CFI), el Consejo de Investigación en Ciencias Naturales e Ingeniería de Canadá (NSERC), la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) y el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza (FMCN).
Aunque las poblaciones parecen estables por ahora, su aislamiento extremo las hace muy sensibles a cualquier alteración ambiental o intervención humana. En Cozumel, los investigadores instan a imponer límites estrictos al desarrollo inmobiliario y establecer zonas de conservación ecológica más robustas.
El descubrimiento también reaviva la relación cultural entre México y los cocodrilos, presente desde épocas prehispánicas, cuando estos reptiles eran símbolos de fertilidad, lluvia y creación. Hoy, su supervivencia depende de acciones científicas coordinadas y políticas de protección urgentes.
Referencias: Universidad McGill
En la isla de Cozumel y en el atolón de Banco Chinchorro, en Quintana Roo.
Porque tienen menos de 1,000 ejemplares reproductores y viven en hábitats muy restringidos.
Tienen ADN y morfología craneal distintas a Crocodylus acutus, el cocodrilo americano.
Limitar el desarrollo urbano y establecer estrategias de conservación en ambas islas.
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