La energía nuclear alcanza niveles récord en 2025 y se impone como eje estratégico global
La energía nuclear crece en 2025 por necesidad global ante la lentitud renovable. China y Rusia lideran, Occidente reacciona con retraso
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
3 min lectura
La Agencia Internacional de Energía (AIE) anunció que en 2025 la generación nuclear alcanzará niveles históricos. No es una revolución, sino una resignación: el mundo ha vuelto al átomo no por ideología, sino por necesidad. El sol y el viento no bastan para alimentar centros de datos ni evitar apagones.
Se están construyendo más de 70 gigavatios (GW) de capacidad nuclear, el mayor auge desde 1990. Más de 40 países buscan ahora ampliar sus reactores, incluso aquellos que los habían clausurado tras Chernóbil o Fukushima. La narrativa ha cambiado: la fisión ya no da miedo, da votos.
La AIE destaca que casi la mitad de los reactores iniciados desde 2017 llevan sello chino o ruso. Estados Unidos y Europa, antaño líderes, hoy acumulan retrasos y sobrecostes. China construye en tiempo y forma; Occidente todavía debate si nuclear rima con verde.
Los reactores modulares pequeños (SMR) se perfilan como la gran apuesta política del sector. Su desarrollo es lento, pero la promesa es enorme: hasta 120 GW de capacidad en 2050. Se los vende como solución perfecta para alimentar centros de datos o sustituir carbón en industrias.
El crecimiento de los SMR se apoya en subsidios, marketing institucional y el deseo urgente de soluciones firmes. La energía intermitente cansa a los gobiernos que necesitan estabilidad en plena electrificación acelerada. El uranio, pese a todo, ofrece eso.
China y Rusia no solo construyen reactores: también controlan el suministro de uranio y su enriquecimiento. El 99% de esa capacidad mundial está en manos de cuatro actores. La geopolítica atómica nunca desapareció, solo mutó de forma.
La nuclear apenas representa hoy el 10% de la electricidad mundial, pero ha evitado —según la AIE— 72 gigatoneladas de CO₂ desde 1971. En un mundo que corre sin dirección, volver al átomo no parece tan descabellado como lo pintaban los eslóganes ecologistas de hace veinte años.
El mensaje es claro: si el clima no espera, los gobiernos tampoco. El átomo vuelve sin pedir perdón, más por falta de alternativas que por convicción. A veces, el futuro se parece mucho al pasado, solo que más caro y menos ingenuo.
Referencias: Agencia Internacional de Energía (AIE)
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