El presidente Donald Trump anunció que Estados Unidos aplicará un arancel del 15% a las importaciones de Corea del Sur, en lugar del 25% inicialmente amenazado. El acuerdo, dado a conocer tras una reunión de alto nivel en la Casa Blanca, supone una rebaja sustancial que busca aliviar las tensiones con uno de los principales socios comerciales y aliados estratégicos de Washington en Asia.
La medida llega acompañada de una batería de compromisos bilaterales sin precedentes. Corea del Sur invertirá 350.000 millones de dólares en proyectos estadounidenses durante los próximos años, priorizando sectores clave como la construcción naval, la fabricación de chips, energía nuclear, baterías y biotecnología. Además, Seúl se ha comprometido a comprar 100.000 millones de dólares en productos energéticos de EE. UU., desde gas natural licuado y petróleo crudo hasta gas licuado de petróleo, en una estrategia que busca diversificar las importaciones energéticas surcoreanas.
La negociación ha supuesto una prueba temprana para el nuevo presidente surcoreano, Lee Jae Myung, quien asumió el cargo en junio tras unas elecciones anticipadas marcadas por la inestabilidad política. Según declaró Lee, el acuerdo elimina la incertidumbre para los exportadores surcoreanos y fija aranceles “en línea con los de los principales competidores internacionales”.
Por su parte, Trump ha destacado que el pacto refuerza la alianza estratégica entre ambos países y pone a salvo industrias estadounidenses críticas, como la automoción y la energía. Las importaciones surcoreanas de automóviles, una de las grandes preocupaciones de Washington, quedarán sujetas al nuevo arancel del 15%, mientras que productos como chips y medicamentos no recibirán un trato más severo que los de otros socios globales.
No obstante, el acuerdo deja fuera de cobertura a sectores sensibles como el acero, el aluminio y el cobre, que continuarán sujetos a las normativas previas. Además, las autoridades surcoreanas subrayan que los mercados de arroz y carne de res permanecerán protegidos, a pesar de las demandas estadounidenses para una mayor apertura agroalimentaria.
El fondo de inversión surcoreano de 350.000 millones de dólares, que según la Casa Blanca será supervisado y estructurado en fases, destinará 150.000 millones a alianzas de construcción naval, mientras que los 200.000 millones restantes cubrirán sectores punteros como la electrónica avanzada y las energías limpias. Los responsables de ambos países destacan que la “ambigüedad negociada” facilitará la flexibilidad de las inversiones y permitirá adaptarlas a los intereses nacionales a lo largo de los próximos tres años y medio.
El acuerdo, anunciado a solo horas de una fecha límite autoimpuesta por la administración Trump, se produce en un contexto global de elevada tensión comercial. Estados Unidos ha incrementado recientemente la presión arancelaria sobre varios socios internacionales, y Corea del Sur, como importante exportador de tecnología y automóviles, ha sido blanco de exigentes negociaciones en busca de reequilibrios en el comercio bilateral.
Samsung Electronics y LG Energy Solution, gigantes surcoreanos de la tecnología, han cerrado además acuerdos independientes con Tesla por más de 20.000 millones de dólares para el suministro de chips y baterías, fortaleciendo la cooperación industrial entre ambos países y asegurando acceso a mercados estratégicos.
La Casa Blanca y la presidencia surcoreana prevén que las nuevas condiciones comerciales generarán beneficios tangibles para las dos economías y reducirán la volatilidad de las relaciones bilaterales. Sin embargo, los detalles sobre la implementación y la fiscalización de los fondos de inversión aún generan dudas en sectores empresariales y políticos, que exigen transparencia y garantías.