Un estudio publicado el 1 de agosto en Nature Climate Change revela que la fotosíntesis global ha ido en aumento desde 2003, impulsada principalmente por el crecimiento y la productividad de las plantas terrestres. Sin embargo, este incremento se ve parcialmente contrarrestado por una disminución de la fotosíntesis en los océanos, donde las algas y el fitoplancton han reducido su actividad.
La fotosíntesis es el proceso fundamental por el que los organismos productores, como plantas y algas, convierten el carbono atmosférico en materia orgánica gracias a la energía solar. Es el pilar de la vida en la Tierra y regula tanto la calidad del aire como la salud de los ecosistemas.
El equipo internacional de la Universidad de Duke analizó datos satelitales sobre la producción primaria neta (PPN) a escala global entre 2003 y 2021. Sus resultados muestran que la PPN terrestre aumentó en una tasa de 0,2 mil millones de toneladas métricas de carbono por año, mientras que la marina disminuyó cerca de 100 millones de toneladas métricas anualmente.
El contraste es notable: las zonas templadas y boreales del planeta, donde el calentamiento ha extendido las temporadas de crecimiento, registran incrementos significativos en la fotosíntesis de plantas terrestres. Al contrario, los océanos tropicales y subtropicales, especialmente en el Pacífico, experimentan pérdidas marcadas.
¿Por qué ocurre esto? El aumento de la temperatura superficial del mar reduce la mezcla vertical de nutrientes esenciales, limitando la proliferación del fitoplancton. En cambio, en tierra, la expansión de bosques y cultivos, junto con condiciones más cálidas y húmedas en ciertas regiones, ha favorecido el crecimiento vegetal.
La variabilidad climática también juega un papel crucial. Los autores destacan que los eventos de El Niño y La Niña afectan con más fuerza la producción primaria en los océanos que en la tierra, generando fluctuaciones anuales que pueden amplificar tendencias a largo plazo.
Desde el punto de vista ambiental, este desequilibrio plantea riesgos para la estabilidad de las redes alimentarias marinas. La caída en la fotosíntesis oceánica implica menos recursos para la base de la cadena trófica, afectando la biodiversidad y la pesca en los trópicos.
Mientras tanto, la capacidad de los ecosistemas terrestres para captar más carbono puede ayudar a mitigar parcialmente las emisiones humanas. Sin embargo, los expertos advierten que esta compensación podría ser temporal si la degradación de bosques o los efectos del cambio climático se intensifican.
"El monitoreo coordinado de los sistemas terrestres y oceánicos es esencial para entender el futuro del carbono y la vida en la Tierra", afirman los autores del estudio. La continuidad de estos análisis resulta vital para proyectar el papel de la biosfera frente al cambio climático.
En definitiva, el planeta se enfrenta a un escenario dinámico: la fotosíntesis avanza en la tierra, pero retrocede en los océanos. Esta nueva fotografía global obliga a repensar estrategias de conservación, gestión de recursos y acciones frente al calentamiento.
La pregunta abierta es si el auge terrestre podrá sostenerse y compensar a largo plazo la disminución marina, o si nuevas políticas deberán enfocarse en proteger tanto bosques como mares para preservar el delicado equilibrio biogeoquímico del planeta.