Hasta ahora, los estudios tradicionales de migración de ballenas se basaban en mapas bidimensionales, subestimando el esfuerzo real de estos grandes cetáceos. Sin embargo, una investigación reciente ha demostrado que las distancias que recorren pueden ser hasta un 20% mayores al considerar la curvatura de la Tierra y el movimiento vertical.
Las ballenas jorobadas, por ejemplo, migran cada año entre las zonas tropicales de cría y las frías aguas antárticas de alimentación. Utilizando transmisores satelitales, los científicos han podido seguir sus rutas, pero hasta ahora no se tenían en cuenta los desplazamientos en profundidad ni la geografía esférica de la Tierra.
El nuevo estudio, realizado por un equipo internacional liderado por Olaf Meynecke, revela que la distancia real recorrida puede superar los 14.000 kilómetros por temporada en algunas especies, mucho más de lo que se había estimado previamente con métodos convencionales.
Este hallazgo es crucial porque implica un mayor gasto energético para las ballenas durante su migración, lo que influye en su fisiología, capacidad reproductiva y supervivencia a largo plazo.
La geodesia, la ciencia que estudia la forma de la Tierra, fue clave para recalcular estos recorridos. Al integrar datos satelitales y modelado 3D, los investigadores pudieron estimar la ruta real, sumando tanto los desplazamientos horizontales como los verticales y la curvatura del planeta.
Por ejemplo, una ballena que bucea a grandes profundidades y vuelve a la superficie constantemente no sigue una línea recta sobre el mapa. Cada inmersión añade metros extra a su ruta, sumando decenas o cientos de kilómetros al trayecto final.
La corrección geodésica también se aplica a otras especies marinas y terrestres, pero en el caso de las ballenas, el efecto es especialmente relevante debido a la escala de sus migraciones y a sus hábitos de buceo prolongados.
Además, el estudio advierte que los modelos energéticos y las estimaciones de impacto ambiental deben revisarse, ya que subestimar la distancia recorrida implica errores en la valoración del gasto metabólico y la exposición a amenazas durante el viaje.
Este avance abre nuevas líneas de investigación para entender mejor la ecología de los grandes migradores marinos y ajustar las estrategias de conservación en un océano cada vez más afectado por el cambio climático y la actividad humana.
Con datos más precisos sobre la distancia real de las migraciones, los científicos pueden redefinir rutas críticas, identificar áreas clave de descanso y alimentación, y diseñar políticas de protección más efectivas para asegurar el futuro de estas especies emblemáticas.
Fuente: ESA Journals