Logotipo de Iceebook Iceebook - Noticias de Ciencia, Tecnología, Economía y más

Hallan que las aguas profundas del Pacífico Norte se acidifican más rápido que la superficie

Un estudio revela que bajo la superficie del Pacífico Norte la acidez crece más rápido que en la capa superficial, poniendo en riesgo ecosistemas marinos

Autor - Aldo Venuta Rodríguez

4 min lectura

Atardecer sobre el océano en la Estación ALOHA con nubes y un ave en vuelo
El océano frente a Hawái visto desde la Estación ALOHA, un punto clave para estudiar los cambios en el clima y la vida marina. Crédito: Lucie Knor

Un equipo de la Universidad de Hawái en Mānoa descubrió que las aguas profundas del Pacífico Norte, cerca de Hawái, se están acidificando más rápido que la superficie. Este hallazgo plantea un reto científico y ambiental inesperado, ya que la comunidad internacional había centrado su atención en el aumento de acidez superficial provocado por el CO₂ atmosférico.

El estudio se basó en más de tres décadas de datos obtenidos en la estación ALOHA, un punto de referencia en mar abierto situado a unos 100 kilómetros de O‘ahu. Allí, investigadores han monitoreado la química oceánica desde la superficie hasta casi 5.000 metros de profundidad.

Los resultados muestran que el carbono se acumula en todas las capas, pero lo hace con mayor rapidez bajo la superficie. La causa inmediata está vinculada a la descomposición de organismos que se hunden, liberando carbono en aguas más frías y con menor salinidad.

Según los científicos, este proceso multiplica la vulnerabilidad de especies que habitan en aguas intermedias y profundas, como ciertos tipos de plancton, que ya viven en entornos naturalmente más ácidos. El riesgo es que la acidez supere pronto el límite de tolerancia de muchas formas de vida marina.

Investigadores manipulando la roseta CTD en el barco de la Estación ALOHA
Equipo de investigadores preparando la roseta CTD, un instrumento que permite recolectar agua a diferentes profundidades en el Pacífico. Crédito: Carolina Funkey

Lucie Knor, autora principal del estudio, señaló que todos los indicadores de acidificación analizados confirmaron este patrón, algo que hasta ahora solo se sospechaba en modelos globales. “El cambio es más rápido y más generalizado de lo que imaginábamos”, advirtió.

La investigación también vincula la aceleración con fenómenos extremos recientes, como olas de calor marinas y fuertes eventos de El Niño. Estos episodios alteran la circulación del agua y las propiedades químicas que llegan a la región desde el Pacífico Norte.

Christopher Sabine, coautor del estudio, explicó que los cambios regionales en la circulación transportan agua ya modificada hasta las profundidades de Hawái. En ese viaje, la composición química se transforma y refuerza la tendencia hacia una mayor acidez.

El equipo advierte que este proceso podría reducir la capacidad del océano para seguir absorbiendo CO₂ atmosférico, uno de los mecanismos naturales que amortiguan el cambio climático. Si esa “esponja” se debilita, las concentraciones globales de gases de efecto invernadero crecerán más rápido.

La acidificación profunda también complica la situación de corales y especies asociadas, que ya sufren estrés por el calentamiento del mar. Los gestores de pesquerías temen un efecto en cascada sobre cadenas alimenticias que sostienen a comunidades costeras en el Pacífico.

El estudio, publicado en *Journal of Geophysical Research: Oceans*, destaca que la tendencia no es uniforme en todo el océano, pero sí clara en el Pacífico Norte. Esto obliga a reforzar el monitoreo regional y a incluir las aguas profundas en los modelos climáticos globales.

Los investigadores están ampliando su trabajo para rastrear específicamente la huella del carbono de origen humano en la columna de agua. El objetivo es determinar cómo cambia su distribución con el tiempo y qué capas son más vulnerables al incremento.

Para la comunidad científica, la lección es clara: no basta con observar la superficie. Los cambios ocultos bajo ella podrían ser decisivos en el equilibrio climático y en la resiliencia de los ecosistemas marinos en las próximas décadas.

Continúa informándote

Pradera alpina en los Alpes suizos con vegetación diversa y flores silvestres
Medio Ambiente

El calentamiento global reduce la capacidad de los ecosistemas para regenerarse

Un análisis de casi un siglo de datos revela que la rotación de especies se ha desacelerado pese al calentamiento global, señal de ecosistemas más pobres y con menor capacidad de renovación

Ladera cercana a edificios agrícolas con vegetación densa en Barentsburg
Medio Ambiente

Miles de especies exóticas podrían invadir el Ártico a medida que suben las temperaturas

El calentamiento y el turismo facilitan la llegada de plantas exóticas al Ártico. Un estudio identifica más de 2.500 especies con potencial para establecerse

Planta industrial de US Mining and Smelting Co. en Midvale, Utah, a comienzos del siglo XX
Medio Ambiente

La prohibición del plomo en la gasolina funcionó: el cabello humano lo confirma

Un estudio con cabello humano de hace un siglo muestra que la prohibición del plomo en gasolina y pinturas redujo la exposición hasta cien veces en EE. UU.

Oso polar de pie sobre hielo marino con luz cálida de atardecer
Medio Ambiente

Los osos polares de Svalbard mejoran su condición física a pesar de la pérdida de hielo marino

Un estudio en Svalbard revela que los osos polares mejoraron su condición física pese a la reducción del hielo marino, un resultado inesperado en pleno calentamiento del Ártico

Europa de noche iluminada desde el espacio
Medio Ambiente

Qué es la contaminación lumínica y por qué está borrando las estrellas de nuestras ciudades

Qué es la contaminación lumínica, por qué desperdicia energía y cómo afecta al sueño, la biodiversidad y la observación astronómica. Claves para entender un problema creciente en las ciudades

Icebergs flotando en el mar de Amundsen entre bloques de hielo antártico
Medio Ambiente

El deshielo antártico podría reducir la capacidad del océano para absorber CO₂, según un estudio

Un estudio revela que el retroceso del hielo en la Antártida occidental reduce la fertilización de algas y limita la absorción de CO₂ en el Océano Austral.