Un equipo de la Universidad de Hawái en Mānoa descubrió que las aguas profundas del Pacífico Norte, cerca de Hawái, se están acidificando más rápido que la superficie. Este hallazgo plantea un reto científico y ambiental inesperado, ya que la comunidad internacional había centrado su atención en el aumento de acidez superficial provocado por el CO₂ atmosférico.
El estudio se basó en más de tres décadas de datos obtenidos en la estación ALOHA, un punto de referencia en mar abierto situado a unos 100 kilómetros de O‘ahu. Allí, investigadores han monitoreado la química oceánica desde la superficie hasta casi 5.000 metros de profundidad.
Los resultados muestran que el carbono se acumula en todas las capas, pero lo hace con mayor rapidez bajo la superficie. La causa inmediata está vinculada a la descomposición de organismos que se hunden, liberando carbono en aguas más frías y con menor salinidad.
Según los científicos, este proceso multiplica la vulnerabilidad de especies que habitan en aguas intermedias y profundas, como ciertos tipos de plancton, que ya viven en entornos naturalmente más ácidos. El riesgo es que la acidez supere pronto el límite de tolerancia de muchas formas de vida marina.
Lucie Knor, autora principal del estudio, señaló que todos los indicadores de acidificación analizados confirmaron este patrón, algo que hasta ahora solo se sospechaba en modelos globales. “El cambio es más rápido y más generalizado de lo que imaginábamos”, advirtió.
La investigación también vincula la aceleración con fenómenos extremos recientes, como olas de calor marinas y fuertes eventos de El Niño. Estos episodios alteran la circulación del agua y las propiedades químicas que llegan a la región desde el Pacífico Norte.
Christopher Sabine, coautor del estudio, explicó que los cambios regionales en la circulación transportan agua ya modificada hasta las profundidades de Hawái. En ese viaje, la composición química se transforma y refuerza la tendencia hacia una mayor acidez.
El equipo advierte que este proceso podría reducir la capacidad del océano para seguir absorbiendo CO₂ atmosférico, uno de los mecanismos naturales que amortiguan el cambio climático. Si esa “esponja” se debilita, las concentraciones globales de gases de efecto invernadero crecerán más rápido.
La acidificación profunda también complica la situación de corales y especies asociadas, que ya sufren estrés por el calentamiento del mar. Los gestores de pesquerías temen un efecto en cascada sobre cadenas alimenticias que sostienen a comunidades costeras en el Pacífico.
El estudio, publicado en *Journal of Geophysical Research: Oceans*, destaca que la tendencia no es uniforme en todo el océano, pero sí clara en el Pacífico Norte. Esto obliga a reforzar el monitoreo regional y a incluir las aguas profundas en los modelos climáticos globales.
Los investigadores están ampliando su trabajo para rastrear específicamente la huella del carbono de origen humano en la columna de agua. El objetivo es determinar cómo cambia su distribución con el tiempo y qué capas son más vulnerables al incremento.
Para la comunidad científica, la lección es clara: no basta con observar la superficie. Los cambios ocultos bajo ella podrían ser decisivos en el equilibrio climático y en la resiliencia de los ecosistemas marinos en las próximas décadas.