Israel ha dado luz verde definitiva al controvertido plan urbanístico conocido como E1, un proyecto largamente congelado que contempla la construcción de 3.400 viviendas en Cisjordania ocupada. La decisión fue anunciada por el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, y ratificada por una comisión del Ministerio de Defensa.
El plan, ubicado junto al asentamiento de Maale Adumim, tendría un efecto devastador para la continuidad territorial palestina. De concretarse, Jerusalén Este quedaría aislado del resto de Cisjordania, lo que haría prácticamente inviable la creación de un Estado palestino independiente.
La aprobación llega en un momento de creciente tensión diplomática. Diversos países europeos y Estados Unidos habían presionado en el pasado para frenar la iniciativa, advirtiendo que socava cualquier posibilidad de negociaciones de paz serias en la región.
“Con E1 finalmente cumplimos lo prometido durante años”, declaró Smotrich, dirigente ultranacionalista, en un comunicado oficial. “El Estado palestino está siendo borrado de la mesa, no con lemas, sino con hechos”.
El Ministerio de Exteriores palestino condenó duramente la aprobación del proyecto, calificándolo como un paso más en la estrategia de “anexión de facto” por parte de Israel. Según señaló, la obra urbanística dividiría comunidades palestinas y violaría de forma flagrante el derecho internacional.
Alemania reaccionó de inmediato, recordando que la construcción de asentamientos en Cisjordania es ilegal a ojos del derecho internacional. Berlín advirtió que este tipo de movimientos obstaculizan una solución negociada y prolongan el conflicto en Oriente Medio.
Desde Washington y Bruselas, la desaprobación también ha sido clara. La Unión Europea reiteró que considera ilegítimos los asentamientos y subrayó que el proyecto E1 supone un golpe mortal a la viabilidad de la solución de dos Estados.
Por su parte, el primer ministro Benjamin Netanyahu no se refirió directamente al anuncio, aunque en días recientes insistió en que Israel hará “todo lo posible para impedir el establecimiento de un Estado palestino”. Sus palabras refuerzan la línea dura adoptada por la actual coalición de gobierno.
El plan había sido congelado en 2012 y 2020 debido a la presión internacional, pero ahora el Ejecutivo israelí considera que las condiciones políticas permiten avanzar sin mayores concesiones. De acuerdo con organizaciones como Peace Now, las obras de infraestructura podrían comenzar en pocos meses.
La mayoría de la comunidad internacional coincide en que el avance del proyecto aislará aún más a Israel, que ya enfrenta amenazas de reconocimiento unilateral de un Estado palestino en la próxima Asamblea General de la ONU. Esto marcaría un punto de quiebre en su relación con varios aliados históricos.
Con la aprobación de E1, la perspectiva de paz en Oriente Medio se vuelve aún más remota. El proyecto no solo remodela el mapa territorial, sino que redefine los límites de la diplomacia internacional frente a un conflicto que acumula décadas de estancamiento.