El 12 de mayo de 2008, un terremoto de magnitud 7,9 sacudió la provincia china de Sichuan, dejando más de 69.000 víctimas mortales y decenas de miles de deslizamientos de tierra. Diecisiete años después, sus efectos siguen presentes en la geografía y en los ríos de la región.
Una investigación reciente, publicada en la revista Nature, revela que el río Min continúa arrastrando grandes volúmenes de sedimentos desprendidos por aquel terremoto. Los científicos señalan que este fenómeno no solo amplifica los riesgos de inundaciones, sino que también aporta información clave sobre cómo se forman y erosionan las montañas.
El epicentro del sismo estuvo en las montañas Longmen Shan, en el borde oriental de la meseta tibetana. Allí se desencadenaron más de 60.000 deslizamientos de tierra, movilizando enormes cantidades de roca y tierra hacia los ríos que drenan la zona.
El flujo de sedimentos en los ríos puede adoptar dos formas: las partículas finas en suspensión y la carga de fondo, compuesta por materiales más gruesos como grava o cantos rodados. Tras el terremoto, los investigadores comprobaron que el aporte de carga de fondo se multiplicó por 20.
Este incremento extraordinario hizo que el 65 % de los sedimentos transportados por el río Min fueran de gran tamaño, cuando en condiciones normales apenas alcanzan el 20 %. Tal variación cambió radicalmente la dinámica del cauce, haciéndolo más propenso a desbordamientos.
El embalse Zipingpu, construido en 2006 a solo 20 kilómetros del epicentro, se convirtió en una trampa natural para estudiar el destino de estos sedimentos. Con equipos de sonar y campañas de campo durante más de una década, los científicos pudieron cuantificar los depósitos acumulados.
El análisis demostró que, incluso diez años después del terremoto, el transporte de sedimentos no había vuelto a niveles normales. Esto sugiere que el impacto de un gran sismo sobre los ríos puede prolongarse durante décadas, mucho más de lo que se había estimado hasta ahora.
Los resultados tienen implicaciones prácticas para la gestión de riesgos naturales. Reconstruir infraestructuras en áreas afectadas sin considerar el flujo prolongado de sedimentos puede aumentar la vulnerabilidad de comunidades enteras.
Además, este hallazgo arroja luz sobre una pregunta central de la geología: ¿los terremotos hacen crecer o desgastar las montañas? Por un lado elevan el terreno, pero por otro desencadenan deslizamientos masivos que lo erosionan. El balance depende de la rapidez con la que los ríos evacuan los materiales.
En el caso de Wenchuan, se estima que el terremoto movilizó unos 3 kilómetros cúbicos de material, un volumen comparable a la mitad del flujo anual de todos los ríos del planeta. El río Min ya habría arrastrado cerca del 10 % de esa masa en solo una década.
Comparaciones con otros sismos, como el de Gorkha en Nepal en 2015, muestran diferencias notables. No todos los ríos de montaña reaccionan igual, lo que sugiere que la composición de las rocas y la dinámica de cada cuenca influyen en la magnitud del transporte de sedimentos.
Para los investigadores, el terremoto de Wenchuan ofrece una oportunidad única de entender cómo interactúan los procesos de levantamiento y erosión. Estos datos ayudan a refinar modelos sobre la evolución de los paisajes en zonas sísmicamente activas.
El estudio concluye que los efectos de los grandes terremotos son mucho más duraderos de lo que la gestión de riesgos suele considerar. Las montañas, los ríos y las poblaciones asentadas en sus márgenes seguirán enfrentando sus consecuencias durante generaciones.