Una nueva investigación publicada en Nature advierte que la Antártida enfrenta cambios abruptos que amenazan con alterar de forma irreversible el hielo, los océanos y la vida silvestre del continente. Estos procesos están interconectados y presionan aún más al sistema climático global.
El estudio fue liderado por la Universidad Nacional Australiana y la Universidad de Nueva Gales del Sur, junto a varios centros de investigación antártica. Los expertos señalan que, de no reducirse rápidamente las emisiones de carbono, las consecuencias alcanzarán a todo el planeta.
Entre los riesgos más serios está el colapso de la capa de hielo de la Antártida Occidental. Su desintegración podría elevar el nivel del mar en más de tres metros, comprometiendo la seguridad de millones de personas que viven en zonas costeras.
La doctora Nerilie Abram, autora principal, advirtió que un colapso de esa magnitud tendría efectos catastróficos para las generaciones futuras. Ya se observan señales de deshielo rápido y cambios en el océano que intensifican la vulnerabilidad del continente.
Otro fenómeno preocupante es la pérdida del hielo marino antártico. Este proceso debilita la protección natural de las plataformas flotantes y expone al continente a colapsos más frecuentes por el impacto de las olas y el aumento de la temperatura oceánica.
La reducción del hielo marino también altera la capacidad del océano para reflejar la radiación solar, lo que incrementa la absorción de calor y acelera el calentamiento regional. Se trata de un círculo de retroalimentación que agrava la crisis climática.
Según el profesor Matthew England, de la UNSW, estas transformaciones no se limitan al continente blanco. Australia ya experimenta consecuencias, desde un océano más cálido y con menos oxígeno hasta un mayor calentamiento regional ligado a la pérdida de hielo marino.
Los efectos también se extienden a la biodiversidad. El retroceso del hielo marino pone en riesgo a especies como el pingüino emperador, que depende de un hábitat estable para la crianza de sus polluelos. Colonias enteras han fracasado reproductivamente en la última década.
El krill, base de la cadena alimentaria, y otras especies marinas también están en peligro. El calentamiento y la acidificación de los océanos reducen sus poblaciones, lo que impacta en pingüinos, focas y ballenas que dependen de ellos para sobrevivir.
Los científicos advierten además sobre el riesgo de un colapso en la circulación de retorno antártica. Este cambio impediría que los nutrientes de las profundidades oceánicas vuelvan a la superficie, afectando la productividad biológica global.
Las medidas actuales bajo el Sistema del Tratado Antártico ayudan a reducir presiones locales, pero no bastan para frenar los impactos climáticos. Limitar el calentamiento global a 1,5 °C es la única forma de evitar un punto de no retorno.
La investigación, desarrollada por un equipo internacional, busca aportar evidencias para la planificación climática. Sus conclusiones destacan que las decisiones que se tomen hoy serán determinantes para mitigar o acelerar el colapso de la Antártida y sus efectos globales.