Las olas de calor pueden incrementar la contaminación del aire, según un nuevo estudio
Un estudio revela que las olas de calor intensifican los niveles de ozono y contaminantes atmosféricos, elevando los riesgos para la salud pública
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
4 min lectura
Las olas de calor son cada vez más frecuentes, duraderas y severas en todo el mundo. Un nuevo estudio advierte que, además de aumentar el riesgo de muertes por altas temperaturas, estos episodios también intensifican la contaminación del aire, lo que multiplica sus efectos en la salud pública.
La investigación fue realizada en Texas, un estado donde en 2023 murieron más de 300 personas por calor extremo, la cifra más alta registrada desde 1989. Allí, un equipo de la Universidad Texas A&M analizó cómo las olas de calor afectan la química atmosférica y descubrió vínculos directos entre temperaturas extremas y mayores niveles de contaminantes.
El trabajo se presentó en la reunión de otoño de la Sociedad Química Americana (ACS), uno de los foros científicos más influyentes a nivel internacional. Los investigadores detallaron cómo el calor prolongado altera procesos químicos en la atmósfera, potenciando la formación de ozono troposférico y partículas dañinas para la salud.
Durante la ola de calor de agosto de 2024, los científicos tomaron muestras de aire en College Station, donde las temperaturas oscilaron entre 32 y 41 grados Celsius. El objetivo fue aislar los efectos del calor extremo, sin la influencia de incendios forestales cercanos que pudieran distorsionar los resultados.
Los análisis revelaron concentraciones elevadas de contaminantes como óxidos de nitrógeno, compuestos orgánicos volátiles (COV), ozono y nanopartículas ácidas. Muchos de estos compuestos son producto de reacciones químicas que se aceleran con la radiación solar y el calor ambiental.
Los investigadores utilizaron un espectrómetro PTR-ToF-4000, un instrumento extremadamente sensible capaz de detectar gases traza en tiempo real. La estudiante de posgrado Bianca Pamela Aridjis-Olivos, líder del estudio, lo comparó con una “nariz súper sensible” que permite identificar y pesar moléculas invisibles al ojo humano.
Uno de los hallazgos más llamativos fue el papel de la vegetación. Los árboles, en particular los robles, liberaron más isopreno durante los días más calurosos. Este compuesto no es dañino por sí mismo, pero al reaccionar con otros contaminantes y con la radiación solar se convierte en un precursor del ozono.
“Las emisiones de los árboles no son peligrosas solas, pero al interactuar con la contaminación urbana pueden disparar la producción de ozono y aerosoles orgánicos secundarios”, explicó Aridjis-Olivos. Esta combinación agrava los riesgos en zonas con gran densidad boscosa cercana a centros urbanos.
El equipo de Texas A&M también destacó que el ozono troposférico afecta directamente al sistema respiratorio. En días de calor extremo, sus niveles superan los valores recomendados por organismos de salud, aumentando la probabilidad de enfermedades pulmonares y crisis asmáticas.
Los investigadores aún analizan más datos de su campaña de campo, pero ya han compartido algunas recomendaciones prácticas. Sugieren evitar actividades al aire libre en horas de máxima radiación, monitorear el índice de calidad del aire y cerrar ventanas en momentos críticos para reducir la exposición.
Aunque el estudio se llevó a cabo en Texas, los autores advierten que la tendencia es global. En Europa, Asia y América Latina también se han documentado episodios donde las olas de calor coinciden con picos de contaminación atmosférica, un fenómeno vinculado al cambio climático.
La investigación subraya la necesidad de políticas públicas que contemplen el doble efecto de las olas de calor: la amenaza directa del calor extremo y la contaminación atmosférica que este agrava. Ambos factores combinados pueden tener consecuencias severas para la salud de millones de personas.
Para los expertos, entender cómo el calor extremo modifica la química del aire es fundamental para anticipar escenarios futuros. Con olas de calor más intensas y frecuentes, el aire que respiramos podría volverse cada vez más peligroso si no se toman medidas de mitigación urgentes.
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