Un nuevo estudio del Southwest Research Institute (SwRI) ha encontrado evidencias de que los asteroides Bennu y Ryugu comparten un mismo origen en el cinturón principal de asteroides, a partir de observaciones realizadas con el telescopio espacial James Webb.
La investigación se centró en analizar los datos espectrales de Polana, un asteroide de unos 33 millas de diámetro ubicado entre las órbitas de Marte y Júpiter, y compararlos con los espectros de Bennu y Ryugu, ambos considerados asteroides cercanos a la Tierra.
Los resultados mostraron una coincidencia notable en el infrarrojo cercano, lo que respalda la hipótesis de que Bennu y Ryugu son fragmentos desprendidos de Polana durante una colisión en los primeros tiempos del sistema solar.
La doctora Anicia Arredondo, autora principal del estudio, explicó que las colisiones entre grandes asteroides dieron lugar a familias enteras de cuerpos más pequeños. Polana sería el remanente principal de aquel evento, mientras que Bennu y Ryugu habrían sido expulsados de la región por la influencia gravitatoria de Júpiter.
Para comprobar la hipótesis, el equipo utilizó dos instrumentos del James Webb especializados en infrarrojo, que permitieron caracterizar la composición superficial de Polana con una resolución sin precedentes.
Posteriormente, compararon los datos con las muestras físicas de Bennu y Ryugu, obtenidas gracias a dos misiones espaciales históricas: OSIRIS-REx de la NASA y Hayabusa2 de la Agencia Espacial Japonesa (JAXA).
OSIRIS-REx recogió fragmentos de Bennu en 2020, que llegaron a la Tierra en 2023. Hayabusa2, por su parte, trajo material de Ryugu en 2020, marcando un hito en la exploración espacial.
Aunque se identificaron algunas diferencias en los datos espectrales, los investigadores consideran que no son suficientes para descartar un origen común. Las variaciones se explican por los distintos entornos en los que han permanecido estos asteroides.
Polana, más grande y más antiguo, ha estado expuesto durante millones de años a impactos de micrometeoroides. En cambio, Bennu y Ryugu, al encontrarse más cerca del Sol, han sufrido una mayor influencia de la radiación solar y del viento estelar.
Bennu, de apenas medio kilómetro de diámetro, y Ryugu, de aproximadamente un kilómetro, son diminutos en comparación con Polana, pero su estudio es clave para reconstruir la historia temprana del sistema solar.
La confirmación de su parentesco con Polana refuerza la teoría de que muchos asteroides cercanos a la Tierra se originaron en el cinturón principal y llegaron a sus órbitas actuales debido a interacciones gravitatorias.
Este hallazgo no solo amplía la comprensión de la evolución dinámica de los asteroides, sino que también ayuda a interpretar la composición de cuerpos primitivos, que pudieron aportar agua y moléculas orgánicas a la Tierra primitiva.
El artículo completo fue publicado en Planetary Science Journal con el título “Espectroscopia del JWST de (142) Polana: Conexión con los NEA (101955) Bennu y (162173) Ryugu” y está disponible en el DOI 10.3847/PSJ/ade395.
Fuente: Revista de Ciencias Planetarias