Miles de palestinos abandonaron la ciudad de Gaza este lunes ante el temor de una inminente ofensiva terrestre israelí. Familias enteras salieron en vehículos y a pie hacia el sur del enclave, en medio de intensos bombardeos que han reducido barrios completos a escombros.
Israel considera a la ciudad de Gaza como el último bastión urbano de Hamás. El primer ministro Benjamín Netanyahu advirtió que el control total de este territorio es clave para debilitar la capacidad de la organización islamista, pese a las advertencias de que la operación podría desatar una catástrofe humanitaria aún mayor.
Las fuerzas israelíes ya controlan cerca del 75% del enclave, pero analistas señalan que una ofensiva en la ciudad más poblada podría provocar un desplazamiento masivo y arrastrar a las tropas a una prolongada guerra de guerrillas.
En Tel Aviv, miles de israelíes salieron a las calles para exigir un acuerdo que ponga fin a los combates y permita liberar a los rehenes que siguen retenidos en Gaza. Se trata de una de las mayores protestas desde el inicio del conflicto.
El miedo se refleja en los testimonios de los desplazados. “Los habitantes de Gaza somos como personas que esperan una sentencia de muerte”, dijo a Reuters Tamer Burai, un empresario local que trasladó a su familia hacia el sur.
Egipto y Catar intensificaron la mediación para lograr un alto el fuego. Fuentes en El Cairo confirmaron que se trata de “un último intento” de frenar la escalada, después de varios fracasos en negociaciones previas.
Hamás habría manifestado disposición a discutir una tregua de 60 días y la liberación parcial de rehenes, aunque insiste en un acuerdo más amplio que contemple el fin de la guerra y el reconocimiento de un Estado palestino.
Israel, por su parte, sostiene que sólo aceptará cesar las hostilidades si todos los rehenes son liberados y Hamás depone las armas, condiciones que el grupo islamista rechaza categóricamente.
La ONU alertó que 1,35 millones de personas necesitan urgentemente artículos de refugio. Líderes comunitarios palestinos calculan que serían necesarias hasta 1,5 millones de tiendas de campaña, mientras Israel apenas ha permitido el ingreso de una fracción de esa cifra.
En Beit Lahiya, un suburbio al este de Gaza devastado por la guerra, se contabilizó que 995 familias abandonaron sus hogares en los últimos días. La presión humanitaria se multiplica a medida que más desplazados llegan al sur.
Mohammad Abu Jayyab, economista palestino, advirtió que los refugios existentes “no protegen de la lluvia ni de las condiciones extremas”. Algunas familias optaron por alquilar propiedades improvisadas para adelantarse a una eventual invasión.
El Ministerio de Salud de Gaza informó que más de 61.000 palestinos han muerto desde el inicio de la guerra, incluyendo centenares de niños fallecidos por hambre y desnutrición. Israel cuestiona estas cifras por provenir de una autoridad controlada por Hamás.
Donald Trump, en declaraciones en redes sociales, insistió en que “sólo habrá regreso de rehenes cuando Hamás sea confrontado y destruido”. Sus palabras endurecen aún más el clima previo a cualquier acuerdo.
El jueves se prevé una protesta sindical en Gaza para exigir el fin de la guerra y más presión sobre Hamás en las conversaciones. La población, exhausta tras casi dos años de combates, reclama soluciones inmediatas.
Con las tropas israelíes concentrándose alrededor de la ciudad, el éxodo palestino y las negociaciones en El Cairo avanzan en paralelo. El desenlace determinará si Gaza enfrenta una nueva fase de guerra total o si se abre la puerta a un alto el fuego temporal.