Investigadores de la Universidad de Heidelberg y la Universidad de Berna lideraron un estudio pionero que cuantifica la evolución de la Circulación Meridional Atlántica (CMA) a lo largo del Holoceno. Este sistema, que incluye la Corriente del Golfo, transporta calor y agua dulce entre hemisferios y es clave para regular el clima global.
La CMA forma parte de la llamada “banda transportadora” oceánica, que redistribuye calor desde los trópicos hacia latitudes altas, equilibrando temperaturas y afectando patrones meteorológicos. Su alteración puede tener impactos de gran alcance en el clima, ecosistemas marinos y estabilidad de las estaciones.
Para reconstruir su comportamiento, el equipo analizó sedimentos marinos del Atlántico Norte, midiendo la proporción de torio y protactinio, dos radioisótopos raros que registran la intensidad de la circulación. Estos datos abarcan desde el final de la última Edad de Hielo hasta la actualidad.
El modelo desarrollado permitió simular patrones de circulación a gran escala y establecer que, tras recuperarse del colapso glacial, la CMA sufrió un debilitamiento notable entre hace 9.200 y 8.000 años, coincidiendo con pulsos masivos de agua de deshielo procedentes de Norteamérica.
Posteriormente, hace unos 6.500 años, la circulación comenzó a estabilizarse y alcanzó niveles similares a los actuales, equivalentes a unos 18 Sverdrups, unidad que representa mil millones de litros por segundo. Esta estabilidad se mantuvo durante milenios.
El doctor Jörg Lippold, líder del proyecto, señala que la CMA se mantuvo estable durante gran parte del Holoceno, pero advierte que el cambio climático antropogénico podría provocar una desaceleración sin precedentes para este periodo cálido.
Proyecciones basadas en modelos climáticos apuntan a una reducción de entre cinco y ocho Sverdrups antes de 2100, dependiendo del grado de calentamiento global. Un cambio de esa magnitud alteraría patrones de precipitación, corrientes oceánicas y temperaturas en todo el planeta.
Un debilitamiento significativo de la CMA afectaría directamente a la Corriente del Golfo, modificando el clima europeo, intensificando eventos meteorológicos extremos y alterando la productividad marina en varias regiones.
El estudio también resalta la importancia de las fases de agua de deshielo del pasado, que provocaron alteraciones temporales pero notables en la circulación atlántica, lo que sirve de referencia para los riesgos actuales derivados del rápido derretimiento de Groenlandia.
Los investigadores enfatizan que la estabilidad milenaria no garantiza seguridad futura, ya que la velocidad y magnitud del calentamiento actual son sin precedentes en el Holoceno y podrían superar la capacidad de recuperación del sistema.
El trabajo contó con la colaboración de centros como el MARUM de la Universidad de Bremen, la Universidad Friedrich-Alexander de Erlangen-Núremberg y la Universidad de São Paulo, combinando experiencia en geociencias marinas y modelización climática.
Financiado por la Fundación Alemana de Investigación, la Unión Europea y fondos brasileños, el estudio fue publicado en Nature Communications y ofrece una base de datos sin precedentes para evaluar la resiliencia oceánica frente al cambio climático.
Según los autores, comprender la historia de la circulación atlántica es clave para anticipar los impactos de su posible debilitamiento, un factor que podría redefinir el clima global en las próximas décadas.