Los dientes fosilizados de dinosaurios se han convertido en una nueva herramienta para descifrar el clima antiguo de la Tierra. Un estudio internacional demostró que estos fósiles conservan señales químicas que revelan una atmósfera mucho más cargada de dióxido de carbono que la actual.
El equipo, liderado por la Universidad de Göttingen, analizó esmalte dental de especies que vivieron en el Jurásico y el Cretácico. La técnica permitió determinar que la concentración de CO₂ fue entre tres y cuatro veces mayor que la de la era preindustrial.
La investigación aparece en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences y abre un nuevo capítulo en la paleoclimatología. Hasta ahora, los científicos dependían de fósiles marinos y carbonatos de suelos, pero con los dientes de vertebrados terrestres se logra una perspectiva directa y más precisa.
Hace 150 millones de años, al final del Jurásico, el aire contenía hasta cuatro veces más CO₂ que el actual. En el Cretácico tardío, entre 73 y 66 millones de años atrás, los niveles todavía eran tres veces más altos. Estas cifras ayudan a explicar el clima cálido e inestable que favoreció a los dinosaurios.
El método se basa en el análisis de isótopos de oxígeno presentes en el esmalte dental. Este material es extremadamente estable y conserva información sobre el aire inhalado por los animales. Así, cada respiración quedó registrada como una firma química que hoy puede ser descifrada.
Los investigadores detectaron además picos inusuales de CO₂ en dientes de Tyrannosaurus rex y de Kaatedocus siberi. Estos incrementos estarían asociados a eventos extremos, como las erupciones volcánicas de las Traps del Decán, una de las mayores crisis ambientales de la historia de la Tierra.
Otro hallazgo clave es que la fotosíntesis global era casi el doble de intensa que en la actualidad. Las plantas terrestres y acuáticas absorbían y liberaban oxígeno en cantidades enormes, lo que probablemente contribuyó a ecosistemas más productivos y a temperaturas más altas.
“Nuestros resultados muestran que los dientes de dinosaurios son auténticos archivos naturales”, señaló el autor principal Dingsu Feng. “Por primera vez, podemos reconstruir el clima terrestre a partir de vertebrados fósiles y no solo de registros marinos”.
El estudio no solo aporta información sobre el pasado. También funciona como advertencia para el presente: los cambios en la concentración de gases de efecto invernadero transformaron ecosistemas enteros durante millones de años, mientras que la humanidad está alterando esa misma química en cuestión de décadas.
Los investigadores concluyen que el esmalte dental fosilizado abre una nueva vía para entender la dinámica del clima a largo plazo. Y recuerdan que, en cierto modo, los dinosaurios siguen siendo maestros de la Tierra: sus dientes guardaron un mensaje que apenas ahora estamos comenzando a comprender.