Una ballena franca en peligro crítico se alimenta en aguas donde se rastrea plancton vital con ayuda satelital. Crédito: Acuario de Nueva Inglaterra, tomada con el permiso NMFS n.° 25739
En el corazón del Golfo de Maine, una de las criaturas más amenazadas del planeta —la ballena franca del Atlántico Norte— se alimenta de un enemigo invisible a la vista humana: el diminuto zooplancton Calanus finmarchicus. Este organismo, no más grande que un grano de arroz, es el principal sustento de estas ballenas, de las cuales apenas sobreviven unos 370 ejemplares.
Imagen ampliada del diminuto Calanus, principal fuente de alimento de la ballena franca. Créditos: Crédito: Cameron Thompson
Tradicionalmente, localizar bancos de Calanus implicaba largas misiones con redes de arrastre y laboriosos conteos manuales. Ahora, investigadores apoyados por la NASA han demostrado que es posible detectarlos desde el espacio mediante los satélites Aqua y su instrumento MODIS, capaces de captar los sutiles cambios de color causados por el pigmento rojizo del plancton.
El pigmento astaxantina, responsable del tono rosado del salmón y presente en el Calanus, altera la forma en que la luz solar se refleja en el agua. Detectando estos cambios, los científicos logran mapear concentraciones del zooplancton con precisión sin precedentes, revelando nuevas zonas de alimentación para las ballenas y posibles rutas migratorias hasta ahora desconocidas.
“No sabíamos que podíamos buscar al Calanus de esta forma”, explicó Catherine Mitchell, del Laboratorio Bigelow de Ciencias Oceánicas. Esta nueva técnica puede ayudar a prevenir colisiones mortales con barcos y enredos en redes de pesca, las dos mayores amenazas para esta especie en peligro crítico.
El satélite PACE capta señales ópticas del plancton que ayudan a mapear rutas de alimentación. Créditos: NASA
El uso de esta tecnología ya ha sido probado en aguas noruegas y ahora se ha refinado para su aplicación en Nueva Inglaterra. Allí, las ballenas han cambiado sus rutas desde 2010, sorprendiendo a pescadores y científicos. Con datos satelitales, se espera anticipar estos movimientos y proteger tanto a los animales como a las actividades económicas costeras.
Sin embargo, MODIS está cerca del final de su vida útil. La esperanza recae en el nuevo satélite PACE, lanzado en 2024, que puede detectar más de 280 longitudes de onda frente a las 10 actuales, permitiendo una identificación más detallada de diferentes tipos de plancton, incluso en condiciones oceánicas complejas.
"El objetivo no es ver cada copépodo, sino tener otra herramienta para anticipar y tomar decisiones", señala Bridget Seegers, del equipo PACE en el Centro Goddard de la NASA. Con esta información, comunidades pesqueras y autoridades podrán reaccionar con mayor tiempo ante la llegada de ballenas, evitando tragedias y conservando un ecosistema en equilibrio.