Astrónomos de Estados Unidos, Europa y América Latina han logrado mapear, con un nivel de detalle sin precedentes, el entorno físico donde se generan misteriosos estallidos de rayos X cerca de agujeros negros supermasivos. El hallazgo se basa en datos recolectados por el telescopio NICER de la NASA, ubicado en la Estación Espacial Internacional, y marca un avance clave en el estudio de las llamadas erupciones cuasiperiódicas (QPE).
La fuente más reciente, apodada Ansky, está ubicada a unos 300 millones de años luz en la constelación de Virgo y ha sorprendido por producir estallidos energéticos cada 4,5 días, con una duración de más de un día. Esta regularidad ha permitido rastrear la evolución de los escombros cósmicos expulsados durante cada erupción.
Los investigadores sospechan que las QPE se generan cuando un objeto de masa relativamente baja —posiblemente una estrella— atraviesa repetidamente el disco de gas de un agujero negro supermasivo, liberando nubes de gas caliente que emiten rayos X. Con el tiempo, el objeto espiraliza hacia el centro, deformando el espacio-tiempo debido a la intensa gravedad, lo que genera erupciones periódicas que terminan con su destrucción o la disipación del disco.
Gracias a NICER y al telescopio XMM-Newton de la ESA, el equipo liderado por Joheen Chakraborty y Lorena Hernández-García logró medir el tamaño, la temperatura y la expansión de las burbujas de escombros resultantes. En algunos casos, la masa expulsada fue equivalente a la de Júpiter, expandiéndose al 15% de la velocidad de la luz.
Estos datos fueron capturados por NICER pese a una fuga de luz sufrida en 2023, lo que demuestra la resiliencia del instrumento y su capacidad para estudiar fenómenos transitorios. El mapeo permitió identificar una burbuja aproximadamente esférica, lo que sugiere una simetría inesperada en las eyecciones de materia.
El descubrimiento de Ansky no solo bate récords por su regularidad y energía, sino que también sirve como modelo para futuras detecciones de ondas gravitacionales. La misión LISA, programada para la próxima década, podría detectar señales de estos sistemas, conocidos como espirales de relación de masa extrema.
“Estamos en las primeras etapas de la comprensión de estos eventos”, dijo Chakraborty. “Las QPE representan una oportunidad única para estudiar cómo interactúan los objetos compactos con los entornos extremos de los agujeros negros supermasivos”.
Con cada nuevo ciclo observado por NICER, los científicos afinan modelos para predecir cómo se comportan estos sistemas, fundamentales en la futura astronomía multimensajero que combinará luz, ondas gravitacionales y partículas subatómicas para desentrañar los misterios del universo profundo.