La revolución de la energía limpia avanza a gran ritmo en Estados Unidos, pero enfrenta un desafío invisible: la red de transmisión. Aunque la generación de electricidad renovable está creciendo y la adopción de vehículos eléctricos (VE) se expande, la infraestructura para llevar esa energía a los puntos de recarga no está a la altura del reto.
Un reciente estudio de la Universidad Northwestern, publicado en *Nature Communications*, advierte que la congestión de la red eléctrica es el principal cuello de botella para lograr los beneficios climáticos prometidos por la electrificación del transporte. Incluso si toda la flota de automóviles a gasolina se reemplazara por VE, las limitaciones en la capacidad de transmisión impedirían aprovechar al máximo la electricidad limpia disponible.
Los investigadores simularon un escenario en el que todos los vehículos estadounidenses fueran eléctricos. Descubrieron que, debido a la congestión de la red, una parte importante de la demanda de recarga debería cubrirse con energía procedente de centrales fósiles cercanas, en vez de fuentes renovables distantes, lo que reduciría significativamente el ahorro de emisiones esperado.
El profesor Adilson Motter, quien lideró la investigación, señala que el verdadero obstáculo ya no es la cantidad de energía renovable que puede generarse, sino la capacidad de transportarla desde los centros de producción —como parques eólicos y solares— hasta las ciudades y estaciones de recarga. “Las líneas eléctricas congestionadas generan emisiones de CO₂ inducidas por la congestión”, advierte.
La red eléctrica estadounidense, dividida en tres grandes regiones (este, oeste y Texas), opera con capacidades limitadas para transferir energía entre ellas. La mayoría de las líneas actuales fueron diseñadas hace décadas, cuando la demanda y la distribución de energía eran muy diferentes a las necesidades actuales de electrificación masiva.
El equipo de Northwestern demostró que, incluso con una gestión inteligente y carga optimizada de los vehículos eléctricos, los beneficios climáticos se verían truncados sin mejoras específicas en la infraestructura de transmisión. Se calcula que hasta un tercio del potencial de reducción de emisiones se perdería si no se amplía la capacidad de la red.
La investigación sugiere que no es necesario reconstruir toda la red. Bastaría con aumentar la capacidad de transmisión entre un 3% y un 13% en puntos estratégicos para liberar gran parte del potencial de la energía renovable y permitir que llegue a los lugares donde más se necesita.
Entre las soluciones propuestas destacan la construcción de nuevas líneas de alta tensión, la ampliación de las ya existentes y la mejora de la coordinación entre las distintas regiones eléctricas. Esto facilitaría la transferencia de energía limpia desde zonas rurales o remotas hasta los núcleos urbanos, donde la demanda de vehículos eléctricos es mayor.
El estudio resalta que la red eléctrica fue concebida originalmente como una suma de redes locales, y solo en las últimas décadas evolucionó hacia un sistema nacional. Esta evolución gradual explica las actuales limitaciones estructurales y la necesidad urgente de adaptarse a la transición energética.
Para los autores, modernizar la red no solo beneficiará a la adopción de vehículos eléctricos, sino que también permitirá una mayor integración de energías renovables, fortalecerá la resiliencia ante apagones y contribuirá a la seguridad energética nacional.
En conclusión, el éxito de la movilidad eléctrica y la reducción efectiva de emisiones dependen tanto de la innovación en baterías y generación limpia como de una red de transmisión robusta y eficiente. Sin este eslabón clave, la promesa de una movilidad verdaderamente verde podría quedarse a medio camino.
Fuente: Nature Communications